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El motor y el fantasma, la “derecha” que nos divide

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Colaboración por: Mtro. Ruy Guerrero Piñera

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – El mexicano añora tiempos de oro que, si le preguntamos al vecino, probablemente nunca vivió. ¿De dónde viene esa nostalgia?

La respuesta es sencilla y dolorosa: la mayoría de los mexicanos nació después de la última gran cresta. La edad mediana del país es de 29 años, y el Milagro Mexicano terminó hace más de medio siglo. Añoramos lo que nos contaron nuestros padres y abuelos. Pero esos tiempos existieron, y no una sino cinco veces en menos de trescientos años.

Ocurrió con la plata novohispana del siglo XVIII, con los ferrocarriles del Porfiriato, con el Milagro Mexicano, con el auge petrolero de fines de los setenta y con la integración manufacturera que en 2023 nos convirtió en el primer proveedor de Estados Unidos, por encima de China.

Solemos atribuir esas crestas a virreyes, presidentes y secretarios de Hacienda. Pero el motor fue siempre el mismo: el mexicano común. El minero de Guanajuato, el peón que tendió casi veinte mil kilómetros de vía, la obrera de Monterrey, el técnico del Bajío. Cuando la dirección fue correcta, ese mexicano resiliente empujó al país hacia arriba sin pedir permiso.

La mejor prueba es el Milagro Mexicano. Entre 1940 y 1970 la economía creció más de 6% al año, la esperanza de vida pasó de unos 40 a unos 61 años y el analfabetismo cayó de casi dos de cada tres mexicanos a uno de cada cuatro. No es casual que haya sido también la etapa de mayor dirección propia: expropiación petrolera, instituciones nacionales y una política económica pensada en casa.

Quiero agregar un pequeño matiz: yo, personalmente, no estoy convencido del término derecha. Desconfío de esa palabra y de su gemela, la izquierda, por inexactas, pero acepto el reto del lenguaje con el que hablamos la mayoría. Pero es necesario aclarar, para este fin: más que bandos, nuestra historia muestra un motor de auge y un fantasma que reaparece a despojarnos del avance.

Si las crestas tienen un motor, los valles tienen su fantasma: las intervenciones. No somos un país militar y las sufrimos con las armas en 1829, 1838, 1846, 1862, 1914 y 1916; tras medio siglo de guerra, buena parte importada (intervenciones extranjeras), nuestro ingreso por habitante cayó de la mitad a poco más de una octava parte en referencia al estadounidense.

Pero hay otra intervención, más silenciosa, que también duele: la de los modelos dictados desde fuera. La primera cresta murió cuando Madrid exprimió al virreinato para pagar sus guerras; el Porfiriato creció entregando concesiones y tierras comunales, y en 1910 solo 28% de los mexicanos sabía leer. Tras 1982 el ajuste se aplicó con recetas ajenas, y desde entonces crecemos 1.8% anual, contra 6.2% en las cuatro décadas previas. Ahí está la raíz de la nostalgia.

Algunos de esos tragos amargos eran inevitables por las dinámicas globales, y también hay que ser crítico: no todo lo que viene de fuera daña. La inversión y el comercio internacional también estuvieron en cada cresta. El problema empieza cuando el volante deja de ser mexicano. Ese daño no siempre aparece en el PIB; aparece en la cultura y en cómo nos miramos entre nosotros, que hasta dejamos de querernos y sentirnos orgullosos de lo que somos y hemos podido lograr.

Hoy esa presión regresa sobre lo básico. El Golfo de México fue renombrado por Washington para efectos propios. Importamos cerca de 75% del gas que consumimos, con gran dependencia de Texas, con el miedo de que en un arrebato perdamos la energía que mueve a México, y esa dependencia ya nos empuja a considerar el fracking, con su costo en agua y con empresas extranjeras al frente, como se especula en el caso de Jalisco. El propio Tratado de Aguas de 1944 se negoció este año bajo amenaza de aranceles en plena sequía. Y el costo de vivienda, desde la capital al Caribe y a las Baja Californias, se vuelve inaccesible para el trabajador, mientras las políticas internas para frenarlo avanzan más lento que el mercado.

Todo esto suele llegar con un disfraz, y el disfraz tiene etiqueta. Es la vieja batalla por dividirnos: de un lado, una clase que se hace llamar derecha y dice abanderar el “progreso”; del otro, una izquierda cuyos conceptos nunca terminan de encajar. Como si ser de izquierda prohibiera ser católico, o ser de derecha impidiera ser parte de la comunidad LGBT. Esas trincheras de cartón solo confunden al motor que siempre ha traído el progreso verdadero: el mexicano común.

Llamémosla por su nombre. Esa “derecha” es, en realidad, la misma clase influyente, no necesariamente política, que tiene una herramienta favorita: dividirnos. Mientras el pleito entre derechas e izquierdas nos enfrenta en la sobremesa, la tierra, el agua y la energía cambian de manos. Su agenda, en cambio, no se mueve: abrirle la puerta a la intervención y vender la nación y el futuro de las familias mexicanas a cambio de privilegios que muchas veces disfrutan lejos del país que les dio todo.

La historia es clara. Nuestras crestas las empujó el trabajador mexicano con dirección propia. Nuestros peores valles llegaron con las intervenciones y con los grupos entreguistas que, cuando controlaron el poder y la narrativa, cambiaron recursos por promesas.

No se trata de cerrarnos al mundo, sino de abrirnos con dirección propia. Los tiempos de oro no se añoran: se empujan. El motor ya lo demostró cinco veces; nuestra misión permanente es no volver a entregar el volante.

Referencias y fuentes

Cada cifra de los textos sale de estas fuentes; las de antes de 1900 son reconstrucciones con margen amplio.

DatoFuente
Ingreso novohispano cerca de la mitad del estadounidense hacia 1800; caída a un octavo hacia 1867Coatsworth, Los orígenes del atraso (Alianza, 1990), reseña UNAM
PIB per cápita novohispano similar al españolArroyo Abad y van Zanden, Journal of Economic History (2016)
Ferrocarriles: menos de 700 km en 1877, cerca de 20 mil en 1910Tesis UNAM sobre deuda porfiriana
Exportaciones triplicadas 1870-1913; 28% alfabetizado en 1910Moreno Brid y Ros, Revista Mexicana de Sociología
Estatura y bienestar 1850-1950López-Alonso, Measuring Up (Stanford, 2012)
Crecimiento de 6.41% anual 1940-1970Romero Tellaeche y Navarro, UNU-WIDER (2025)
6.7% de crecimiento con 2.5% de inflación en el Desarrollo EstabilizadorRevista CULCYT, UACJ
Esperanza de vida de 34 años (1930) y 40.5 (1940)Demos, UNAM
64 de cada cien analfabetas en 1940Sociedad Mexicana de Historia de la Educación
6.2% anual (1941-1982) contra 1.8% (1983-2025)Clúster Industrial
México supera a China como proveedor de EE. UU. en 2023Milken Institute
Pobreza multidimensional de 41.9% (2018) a 29.6% (2024)INEGI vía BBVA Research
Renombre del Golfo por EE. UU. (2025)Bloomberg Línea
75% del gas importado; reapertura al fracking (abril 2026)Zeta Tijuana
Tratado de Aguas de 1944 y amenaza arancelariaForbes México
Bando 1 y propuesta de cuotas migratoriasXataka México

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