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BCS y el cine | El 10º Festival Internacional de Cine de Los Cabos

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La ceremonia de premiación del 10º Festival Internacional de Cine de Los Cabos está programada para hoy jueves 18 de noviembre, en la noche

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur (BCS).-

Cuando se dice “cine”, lo primero que viene a la mente son las súper producciones hollywoodenses que se suceden como si de una cadena industrial sin fin se tratara; ¿las hacen como tortillas? Pues sí, como las máquinas tortilleras que producen sin parar mientras sean alimentadas con los suministros necesarios, en un orden inalterable, preciso. Pero hay que reconocer que no todo lo que cabe en esa palabra de cuatro letras se identifica con ese modelito industrial; ajustado para asegurar pingües ganancias que terminan en las cuentas bancarias de una cuadrilla de blancos angloparlantes.

De un tiempo para acá, en Baja California Sur, un puñado de personas esforzadas estrenan con cada vez mayor frecuencia producciones de cine muy interesantes; que narran historias ocurridas en su alargado territorio. A veces se trata de comunidades de pescadores, como en Los buzos de El Manglito (Diego Fenton, 2019); y otras de los ranchos sudcalifornianos, como en La recua (Darío Higuera y Trudi Angell, 2021).

O de las huellas del pasado en las cuevas de la sierra de San Francisco, las maravillas marinas, como la visita anual de las ballenas grises y jorobadas; y las amenazas al medio ambiente por la explotación minera o el despojo por la voraz expansión inmobiliaria y turística. Esto, en Una isla en el continente (Juan Pablo Miquirray, 2020), que inicia con la lectura que Edmundo Lizardi hace de su poema “Baja Times” y acompaña rítmicamente, el desarrollo de la narración documental, con disfrutable fotografía y testimonios interesantes como el de Harry Crosby.

Otras producciones de cine recientes incluyen Off the Road (2020) del paceño José Permar, que se centra en la Baja Mil; para explorar asuntos que tienen relación directa con la historia y las identidades sudcalifornianas, en ocasión de contrastarse con la gringada motorizada. O qué decir de Desierto (2015) de Jonás Cuarón, Pacífico Norte (2018) de Valentina Sachetti y Polvo (2019) de José María Yazpik. Llaman la atención las series documentales como Islas de México y Mar adentro, producidas y transmitidas por canales culturales nacionales como el 11 y el 22, dirigidas por Eréndira Valle y César Parra, respectivamente.

La producción local de cine ha vivido un aumento constante a partir del año 2000; aunque películas se vienen rodando entre las costas del golfo y el Pacífico desde muchas décadas atrás, para ser más precisos, desde la década de 1920. Cada vez surgen más proyectos, creadoras y creadores se ejercitan con buen tino en el terreno de los cortometrajes, de ficción y documentales. Este bullicio audiovisual lucha contra todo, sobre todo la escasez de recursos para la cultura, que en un sitio tan distante de la capital —que invariablemente cae parada sobre sus centralizadas y robustas piernas— es el pan de cada día.

Los festivales de cine, sobre todo los más longevos y de más tradición cinéfila, como el de Todos Santos y el de Los Cabos; junto con una movida cineclubística vigorosa y permanente todo el año, son parte del horizonte dinámico del cine en BCS. Empero, lo que está por hacerse es mucho. Hace falta levantar los muros de una casa que pueda albergar a esa tribu que se dedica a la creación audiovisual; y a todas sus especialidades, más allá de la producción. No existe aún ninguna iniciativa relativa a la preservación de la memoria cinematográfica y audiovisual relacionada con el estado.

La Comunidad Cinematográfica de BCS ha insistido en la necesidad de crear una cineteca local; cuyo principal objetivo sea la preservación de material filmado y grabado. Que se relacione de algún modo con la parte sureña de la península. Pareciera que no hay nada o que es muy escaso; pero a medida que investigo sobre las producciones históricas, descubro más y más películas. Muchas de ellas de un interés histórico y cultural patente. Un archivo audiovisual sería un sitio estratégico para el desarrollo del campo cinematográfico y audiovisual; el espacio ideal para un programa permanente de formación, también. Así como el centro desde el que se podría impulsar la investigación mediante un programa de publicaciones, por modesto que sea.

Recordemos que la actual presidenta municipal de La Paz, Milena Quiroga, asumió como promesa de campaña, la creación de esa institución. Idealmente, debería ser un proyecto creado en conjunto entre el municipio y el Instituto Sudcaliforniano de Cultura; lo importante es que esa promesa se vea cumplida y BCS por fin pueda contar con un espacio de preservación y difusión de la memoria audiovisual.

En lo que vemos cómo y cuándo ocurre ello, celebremos que el efecto de la campaña de vacunación nacional —y mundial— está dejando sentir sus efectos; poco a poco comienza a retomarse la actividad presencial.

10º Festival Internacional de Cine de Los Cabos

La primera década del festival de Los Cabos está concluyendo el día de hoy jueves 18 de noviembre; y una notable evolución le llevó a sus organizadores a proponer una nueva sección competitiva dedicada a películas inspiradas por Baja California Sur.

Para esta primera ocasión se seleccionaron tres películas: Transition (2021), de Alejandro Torres Kennedy, The Gigantes (2021), de Beatriz Sanchís, y el documental La recua (2021), de Trudi Angell y Darío Higuera.

La primera aborda la historia de una francesa que se aprestaba con unos amigos a hacer un viaje en velero. Aunque en la película no se dice, el origen de la película fue la interrupción del viaje por la pandemia; mientras los involucrados estaban en una marina de Sudáfrica y proyectaban cruzar el Atlántico para llegar a Brasil. El plan se ve frustrado por el inicio de la pandemia global por SARS-CoV2. Ahí, sola, pues sus amigos mexicanos deben regresar por vía aérea a su país al enterarse que un familiar se contagió de COVID. La cámara sigue sus pasos en medio de la soledad y la tensa calma en la que se sumió el mundo entero.

La trama recuerda vagamente la novela La línea de sombra de Joseph Conrad; está fotografiada en blanco y negro hasta el momento de transición del personaje a una realidad de tintes cristianos —hay ecos de Las alas del deseo (1987) de Wim Wenders, en el uso semántico alterno del b/n y el color. El director concluye su propuesta narrativa con una cita del Nuevo Testamento al final de los créditos de cierre. La película está bien narrada, es una propuesta sólida, con atención a lo que se considera el territorio del ángel caído: los detalles, y hallando en ellos la ocasión para la exaltación metafísica de corte cristiano, aunque de un modo sutil.

Alejandro Torres ha dicho que, el inicio de su carrera como realizador, ocurrió gracias a un viaje en velero por el golfo de California. Saliendo de La Paz. Donde empezó a hacer sus primeros registros visuales y a aprender a editarlos. Esa misma embarcación es la que tuvo oportunidad de alcanzar (vía aérea) en Sudáfrica, con la intención de viajar a Brasil; pero que derivó en cinco meses de espera, tiempo que aprovechó de forma excelente para producir su ópera prima que ya se exhibió de manera exitosa tanto en el FIC Los Cabos; así como en el Festival de Cine de Varsovia, Polonia, donde se estrenó el 8 de octubre pasado.

La película mexicana The Gigantes de la realizadora española Beatriz Sanchís, cuyas protagonistas hablan en inglés, es un road movie de dos mujeres que no comparten prácticamente nada: J.J. (Samantha Jane Smith) es una mujer madura mientras que Esmeralda (Andrea Sutton) es una adolescente; ambas son mujeres en crisis que huyen a Baja California intentando alejarse de sus respectivos problemas; y en búsqueda de figuras masculinas, a las que imaginan como las piezas faltantes de sus respectivos rompecabezas. A diferencia de Transition, esta ficción sí tiene locaciones en la península bajacaliforniana, incluidos paisajes de Baja California Sur.

Aunque la película está bien contada, con una fotografía cuyos colores subrayan la belleza todavía con cierto aire de pureza del territorio bajacaliforniano, cojea del pie narrativo; No está claro que el viaje resulte en el hallazgo de lo que se afanaban en perseguir. El horizonte de nuevas crisis se avecina sin que nuevos viajes parezcan soluciones vitales viables. Es claro que J.J. se quedará al lado de su macho (¿por cuánto tiempo?) en territorio mexicano; mientras que Esmeralda regresará al nido materno en el que no parece encontrar sino motivos de insatisfacción.

No queda tiempo en el filme para conocer el crecimiento interior que podría resultar de su búsqueda imposible de la figura paterna; aunque en el camino hemos sido testigos del surgimiento de su sexualidad lésbica. Vivida de forma tímida, a la espera de un camino acaso todavía más sinuoso y violento que el de recorrer la península hacia su fondo sureño.

Por último, pero no por ello menos importante, todo lo contrario, La recua, el documental que parte del sueño del ranchero don Darío Higuera, que por tercera ocasión llega a estar presente como protagonista de un documental. En Corazón Vaquero: The Heart of the Cowboy (2008) de Coddy McClintock y Los otros californios (2010) de César Talamantes, ya habíamos visto a don Darío.

En esta nueva producción él mismo ocupa una silla de dirección; junto con la estadounidense vecina de Loreto, Trudi Angell reconocida por su empresa turística de viajes en mula por la serranía sudcaliforniana.

Don Darío ha contado que tenía un sueño desde hacia tiempo: hacer una recua, el viaje desde los ranchos de la sierra, hasta La Paz; tal y como sus mayores y ancestros solían hacer para intercambiar productos rancheros por otros inaccesibles en sus lejanas moradas rurales.

Pero su sueño no se limitaba a recorrer el llamado Camino Real, la brecha que recorrieron los pies de los indígenas que habitaron ese extenso territorio, y más tarde los misioneros y los nuevos pobladores que les acompañaron desde finales del siglo XVII: con la visión de trascender más allá del viaje mismo, don Darío se propuso que eso quedara registrado en un documental. Un acierto más de su sabiduría práctica, al que debemos estar agradecidas todas las personas que hemos podido disfrutarlo.

Un equipo se armó con la participación de talento local: el resultado está a la vista y comienza a conquistar los corazones de las personas sin importar su identidad, su nacionalidad, su idioma… y todas esas particularidades que parecieran alejarnos de modo infranqueable de quienes habitan en los ranchos sudcalifornianos.

Don Darío, algunos familiares y amigos (más el equipo de rodaje que aunque no aparece frente a la cámara, vaya que también estuvo presente), se arman de valor: recorrer 350 km por caminos agrestes a lomo de bestias, es un desafío mayúsculo. Hace falta ser de condición resistente y, como lo muestra don Darío y sus acompañantes, de conocer los mil y un secretos del desierto y la serranía. Cualquier urbanita estaría expuesto a un trágico fin, eso queda muy claro.

El documental sigue los pasos pacientes, realizados día con día, del grupo sui géneris y las múltiples peripecias y accidentes que deben sortear. Las largas caminatas bajo el sol inclemente, la escasez de agua, de comida y de todo lo que asociamos con la “cultura” y la “civilización”, por lo menos, desde la perspectiva urbana, tan pobre en experiencias y conocimientos que sean trascendentes para una aventura como la de don Darío. Entre los componentes del documental, en coincidencia con las otras dos películas con las que compite y que he reseñado de forma breve arriba, La recua tiene en el personaje de la niña Azucena Arce un ángulo de visión femenino del mundo ranchero sudcaliforniano. Las tres películas enfatizan el protagonismo de las mujeres y eso es de celebrarse.

No queda duda de que La recua cumple a cabalidad el sueño de don Darío al permitir que su mundo, con sus características complejas y de apariencia agonizante, trascienda y se instale por casi hora y media en los ojos de espectadoras y espectadores del mundo entero, que tendrán ocasión de conocer de primera mano los sentires y pensares de un grupo de personas entrañables, con un corazón abierto y una cantidad impresionante de conocimientos acumulados a lo largo de siglos, depositados en sus cueras, en los caminos que recorren sus burros y mulas, en los productos que elaboran contra todas las dificultades y carencias, más las mil y un estrategias y conocimientos necesarios para sobrevivir en semejante medio —y sin internet.

La diversidad cinematográfica se enriquece con la incorporación de las historias locales que suceden a manos llenas en el amplísimo territorio nacional. Es cuestión de que las políticas públicas abran la posibilidad para que incluso rancheras y rancheros, sean capaces de plasmar sus sueños en imágenes y sonidos entrañables.

Una característica de La recua es que del equipo que la creó, nadie estudió cine, como ha comentado Sergio Castro, el editor paceño de la película. No por falta de interés, qué va, si el documental y sus trayectorias individuales avalan no sólo el interés, sino el talento necesario para hacer que sus historias trasciendan más allá del territorio sudcaliforniano. Le pregunto a las lectoras y lectores, ¿qué sería del cine y video sudcaliforniano si sus creadores no tuvieran que salir de BCS para estudiar cine —las y los que lo logran?

La ceremonia de premiación del 10º Festival Internacional de Cine de Los Cabos está programada para hoy jueves 18 de noviembre, en la noche. Vaticino que, así como recién triunfó en el festival de documental DocsMx, llevándose el premio más importante en la categoría que participó, Mejor Ópera Prima para Documental Mexicano, del mismo modo, ganará con amplitud en este nuevo certamen. Jugando como “local” es imposible que sea de otro modo. La recua da para más, pero es necesario cerrar esta colaboración, el inicio de muchas, espero, en el Diario Humano, al que agradezco en la figura de su director, Alan Flores, el espacio para compartir más reflexiones sobre el cine, comenzando por el local.

Reclamos, mehs y otros envíos: lefterisb@gmail.com página de fb: facebook.com/cinesudcal

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