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El estrés postraumático por la paliza del 2 de junio

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El estrés postraumático por la paliza del 2 de junio Con un margen de 20 millones de sufragios, Morena reafirma su liderazgo en México mientras la oposición se enfrenta a una derrota monumental AMLO

Con un margen de 20 millones de sufragios, Morena reafirma su liderazgo en México mientras la oposición se enfrenta a una derrota monumental

Por Roberto Galindo

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. –La oposición fue arrasada por un vendaval de votos, actas y urnas estridentes, en el que soplamos 36 millones de conciencias. Les dimos una paliza electoral, aun más avasalladora que en la elección de 2018. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtuvo 30 millones de sufragios; y en esta ocasión a Claudia Sheinbaum Pardo, le dimos 6 millones más. A Obrador no le quedó más que decir “Claudia me cepilló”; y nosotros, la sociedad democrática mexicana, cepillamos a la oposición.

El PRIAN; varios empresarios oligarcas, de esos a los que se les condonaban impuestos, que son dueños de los medios masivos de comunicación —en los que la mayoría de comentaristas, “analistas”, “politólogos”, “periodistas” y payasos chismosos están cargados a la derecha y llenos de falsedades y calumnias—; los 250 intelectualoides que pidieron el voto por Gálvez, esos dirigidos por el erudito de los apapacho$ Héctor Aguilar Camín y el me$ía$ de las letras pagadas Enrique Krauze; varios actores de la minitalla de Eugenio Derbez y Cate del Castillo; la jerarquía de la Iglesia católica que llamó a no votar por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), insultando a nuestro presidente y violando la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; el Poder Judicial con la ministra Piña pactando en lo oscurito con Alito Moreno; Denise Dresser, la que nos liberó de las cadenas de la esclavitud; así como el más vetusto y de mayor trayectoria chayotera Joaquín López Dóriga. Todos ellos, y ninguno de los otros fieros opositores conservadores y carroñeros, no entienden qué pasó el 2 de junio y buscan respuestas entre el desconsuelo, los lamentos y el enojo.

Hay dos respuestas para su debacle electoral, pero ellos no ven ninguna. La primera es que se la pasaron desde sus atalayas oligarcas, partidistas y mediáticas insultando a la gran mayoría del pueblo; nos llamaron borregos, estúpidos, pendejos, engañados y vendidos por unos cuantos billetes o comprados por los programas sociales; cuando ellos disfrutaban de los beneficios de los fideicomisos en todos los sectores, de la exención de impuestos y del atraco a la nación, de unos sueldazos en el sector público —y ahí siguen los ministros del Poder Judicial, pero ya les llegará su Plan C— y de pensiones millonarias, vitalicias y mal habidas como la de María Amparo Casar o la del expresidente Vicente Fox, ambos brutales críticos de las pensiones de 2 mil pesos para los pobres, pero rabiosos defensores de las suyas de más de 120 mil pesos mensuales.

Cómo le iban a entregar a Claudio X. González sus votos los maestros, cuando él con el PRI los mandó reprimir en el sexenio de Enrique Peña Nieto con la complicidad del Secretario de Educación Aurelio Nuño, entonces encarcelaron a muchos y asesinaron a varios; y este sinvergüenza, heredero de Kimberly ClarK y jefe de Mexicanos a Favor de la Corrupción, los llama “pinches delincuentes”, pero les pide el voto. Y así, muchos casos más de caraduras como Pedro Ferriz de Con, Guadalupe Loaeza, Chumel Torres y sus barbajanes que denostando e insultando a la gente al mismo tiempo le pedían su voto; la misma Xóchitl llamando güeyes a la gente de la tercera edad, en plena campaña. Cómo pretendían tener el favor de los votantes con esa actitud; y sobre todo, están las atroces administraciones prianistas, llenas de corrupción y de mediocridad.

Pueden agredir e insultar en una campaña electoral sucia, muy sucia y negativa como la pidió Jorge Castañeda; pueden mentir sin pudor para intentar vencer a su oponente como conminaron Raymundo Riva Palacio y Carlos Alasraki; y lo pueden hacer desde su clasismo y su racismo, desde su conservadurismo y su pretendida superioridad intelectual; pero lo hicieron desde su mundo de fantasía y datos pagados, como los de su encuestadora Masive Caller. Claro que pueden hacerlo, estamos en un país libre, y lo hicieron; pero en las urnas cosecharon lo que en campaña sembraron: una monumental derrota. Además, no hay que olvidar que entre toda su coprolita parafernalia nunca apareció su proyecto de nación. ¿Cómo es que pretendían ganar?

La otra respuesta, la que explica la abrumadora victoria de la Cuarta Transformación (4T) con Claudia Sheinbaum al frente, esa es mas evidente y es el testimonio de un sexenio de logros en infraestructura, telecomunicaciones, economía, aumento salarial de más del 100 %, una considerable disminución del desempleo, reposicionamiento de México y el peso a nivel mundial. Todo lo anterior durante y después de la crisis económica más grande de los últimos cien años, la causada por la pandemia de la Covid-19.

En cuanto a seguridad se han disminuido considerablemente la mayoría de los delitos de alto y bajo impacto, algunos se han minimizado como el huachicoleo y el robo en general, así como el secuestro y la extorsión. Si hay algo que queda pendiente es la pacificación de algunas regiones y estados del país —como el Bajío y Guanajuato, donde la violencia y el homicidio son abrumadores, esta entidad es la más violenta de México— y la ampliación de la seguridad a todo el territorio; pero bastante se ha avanzado, ahí están las estadísticas del INEGI que constatan que en el caso del homicidio la administración obradorista ha logrado disminuirlo en un 20 % con respecto al sexenio de Enrique Peña Nieto. El otro tema que no se logró concretar es la renovación total y profunda del sistema de salud; se tuvieron errores como el del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), al que se debió dar marcha atrás para reorganizar el sector bajo la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Sin duda, hay mucho que trabajar y perfeccionar del proyecto de nación instaurado por AMLO y que continuará Claudia Sheinbaum.

A pesar de lo que falta hacer, hubo dos logros mayúsculos de este sexenio: la disminución de la pobreza de más de 9 millones de mexicanos, llevarlos a un mejor estado de bienestar; y otro menos tangible pero más efectivo para dar continuidad a la 4T: la revolución de las conciencias de millones de personas, esa que ha logrado Obrador hablándole de frente a la gente y escuchándola, primero en las plazas públicas, lo que hizo durante años y luego desde la mañanera, lo que hizo todos los días de su sexenio.

Esas dos respuestas se pueden resumir en estas palabras: odio y menosprecio se cobran en las urnas y amor con amor se paga. AMLO se entregó a su pueblo y el pueblo le respondió. Ahora la gran responsabilidad de gobernar a México recaerá en Claudia Sheinbaum, una fría y calculadora candidata, a la que todo le salió bien, requetebién; mejor aún que a Andrés Manuel en su elección. A Claudia le dimos 36 millones de votos, las cámaras de diputados y senadores con mayorías calificadas. Además, ya tiene el camino trazado, ya sabe que la mañanera es fundamental para la politización de la gente y para combatir las mentiras de la derecha conservadora de oposición; ya ella tendrá su propio formato. Lo anterior, sumado a su experiencia como funcionaria pública y a su conocimiento científico y social nos permitirá, sin duda, construir más amplio, más incluyente y más justo el segundo piso de la 4T.

La oposición no entiende que México cambió en las últimas décadas, sobre todo desde el fraude electoral del 2006, atraco al pueblo que definió el rumbo de la izquierda y que devendría en la formación de Morena y en la victoria en las urnas de AMLO en 2018 con varias gubernaturas y una mayoría simple en las cámaras de diputados y senadores; lo que en consecuencia derivó en que el pasado 2 de junio Morena aplastara a la oposición con casi 20 millones de sufragios más que ellos, que sólo obtuvieron poco más de 16 millones, además de que la izquierda tiene hoy 24 de 32 gubernaturas y amplias mayorías en los congresos estatales de éstas.

Los conservadores de la oposición no comprenden que la ciudadanía es diferente de aquella a la que Vicente Fox le vendió una fantasía de cambio, no logran entender que ya no se puede engañar a la mayoría de los mexicanos con candidaturas infladas en los medios de comunicación, pero sin sustento ideológico y sin un proyecto de nación congruente con las necesidades del país; pero, sobre todo, acorde con una ciudadanía cada vez más madura políticamente. En esta elección las mayorías de las clases medias, incluida la alta, votaron a la izquierda; además, claro, de las clases bajas y los más desprotegidos, cuya contribución al triunfo de Sheinbaum fue masiva.

La oposición le apostó a la mentira, al insulto, a una reedición de las campañas del miedo del 2006 y del 2012 utilizando una candidata bravucona, ignorante, incompetente, mentirosa, transa y vulgar como Xóchitl Gálvez; creyeron que con ella nos identificaríamos la mayoría de los mexicanos, porque así nos conciben, pero se equivocaron y el pueblo les acaba de dar una lección. Ahora los restos de la oposición, pues ha sido brutalmente mermada en números y en credibilidad, deberán hacer autocrítica muy seria, combatir la corrupción entre sus filas, ponerse a trabajar y no hacerle a la payasada melodramática, si es que quieren sobrevivir y no desaparecer como lo hizo el PRD. Si no lo entienden seguirán lidiando con el estrés postraumático que les dejó el 2 de junio mientras con Claudia Sheinbaum consolidamos el Obradorismo.

Roberto Galindo

Escritor, maestro en ciencias, maestro en apreciación y creación literaria, licenciado en arqueología, licenciado en letras hispánicas y licenciado en diseño gráfico. Ha colaborado en Réseau Voltaire International (Red Voltaire) organización de la prensa no alineada con sede en París; colaboró con su columna de opinión Última Trinchera en Culco BCS y ha publicado en El Organismo y en otros medios digitales e impresos. Es editorialista en la revista Contralínea.

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