
“No hay mayor grandeza para un líder que ser parte de su pueblo, para llegar a convertirse en causa y, a su vez, luchar juntos para convertir en realidad lo que solo es un sueño”.- Jesús Miguel León Mendoza.
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – Aún no sé con exactitud cómo nació mi interés por la política. Quizá fue allá por 1999, cuando el candidato a gobernador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el licenciado Leonel Cota Montaño, visitó mi pueblo.
Fui a escucharlo, y su discurso, lleno de fuerza y empatía, logró capturar el sentir de mi comunidad y del resto del estado. En aquel entonces vivíamos en una comunidad marginada, olvidada por los beneficios del gobierno.
El agua potable que llegaba a nuestras casas era salada; no había luz eléctrica suficiente; las calles estaban en mal estado; y los apoyos al campo y la pesca eran prácticamente inexistentes.

Fue en ese momento cuando sentí un llamado profundo para buscar mejoras para mi comunidad. Tenía apenas 15 años, pero ese día decidí convertirme en promotor del voto para un proyecto que prometía un cambio de régimen.
El 7 de febrero de 1999 marcó un día histórico: el triunfo del pueblo. Aún no tenía edad para votar, pero asumí con entusiasmo la tarea de motivar a mis vecinos para que acudieran a las urnas. Ese momento fue solo el inicio de un largo camino de gestión social.
Comencé ayudando a quienes me pedían apoyo: medicamentos, regularización de adeudos de agua, boletos de avión por emergencias médicas, estudios clínicos, entre otros. Enfrentamos juntos el problema del agua salada: logramos la construcción de una planta desaladora y, posteriormente, una purificadora para servicio de la comunidad.
Se otorgaron créditos a la palabra para las familias de los pueblos y a los pescadores, quienes obtuvieron financiamiento para motores de sus pangas. Con esfuerzo, logramos la construcción del parque de mi comunidad, La Ventana. Poco a poco, las solicitudes de apoyo comenzaron a llegar desde otros pueblos, y así, mi labor como gestor social se expandió desde aquel 1999 hasta la fecha.
Traigo estos recuerdos a la memoria porque, últimamente, me he preguntado cómo fue que la política atrapó mi atención. Hoy entiendo que esta noble actividad no solo ha sido un medio para transformar las condiciones de mis pueblos, sino también un vehículo para dejar huella en la vida de las personas.
Para mí, siempre ha sido más importante priorizar las necesidades de la gente por encima de intereses personales. Estoy convencido de que la verdadera satisfacción para un líder social radica en que su trabajo se traduzca en beneficios tangibles para las colonias y comunidades.
En 2005, me sumé al Proyecto Alternativo de Nación encabezado por nuestro entonces líder, Andrés Manuel López Obrador, bajo la bandera de justicia social: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
Esta causa representó la lucha de un pueblo marginado, olvidado y traicionado por aquellos que ostentaban el poder sin atender las raíces sociales de nuestro México.
Con persistencia, enfrentamos las elecciones de 2006, 2012 y, finalmente, 2018, cuando el sueño se convirtió en realidad. Igual que en 1999, el pueblo se organizó y luchó por un cambio de régimen. Fue un movimiento que despertó conciencias y unió causas, bajo los ideales de unidad, fraternidad e identidad nacional.

Como decía nuestro líder moral, Andrés Manuel López Obrador: “No tengo derecho a fallar”. Hoy, quienes hemos participado activamente desde hace años esperamos que los gobiernos sigan estando del lado de la gente, llevando la transformación a las comunidades y colonias más vulnerables. El trabajo es arduo, y por eso nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, ha denominado esta etapa como “el segundo piso de la Cuarta Transformación”.
Las bases están cimentadas, pero la tarea de fortalecer el bienestar social requiere mayor esfuerzo, compromiso y dedicación.
Para concluir, reflexionemos sobre el impacto transformador del compromiso social y político en la vida de una comunidad. Este relato no es solo una experiencia personal; es también una muestra de lo que ocurre cuando un líder asume su responsabilidad desde las raíces. Desde aquel llamado en 1999 hasta hoy, se ha trazado un camino de lucha, esfuerzo y resultados tangibles que han cambiado realidades.

La política, cuando se ejerce con vocación y autenticidad, deja de ser un mero ejercicio de poder y se convierte en un verdadero instrumento de justicia social. Este recorrido demuestra que la política no es solo un medio para cambiar desde el gobierno, sino también un motor que despierta conciencias, une causas y convierte sueños colectivos en realidades.
El desafío actual es monumental: construir sobre los cimientos de la transformación, llevando justicia y bienestar a los rincones más olvidados. Como decía nuestro líder, “No tenemos derecho a fallar”. El trabajo es grande, pero el compromiso debe ser aún mayor. Dejar huella en los pueblos es la mayor recompensa para quienes creen que el verdadero poder radica en servir. El camino continúa, y con unidad, perseverancia y amor al pueblo, el sueño de una nación más justa y equitativa está cada vez más cerca.
A PROPÓSITO DE…
Mañana se llevará a cabo, en el municipio de Comondú, el Tercer Informe de Gobierno del profesor Víctor Manuel Castro Cosío, donde presentará el estado que guarda la administración estatal: sus retos, logros y beneficios sociales para el pueblo sudcaliforniano. Le deseo el mayor de los éxitos en esta segunda mitad de su mandato.





