
La aparición de una manta con acusaciones directas contra la alcaldesa de La Paz, Milena Quiroga Romero, no puede leerse como hecho aislado
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur . – En esta columna “Punto Crítico” vuelvo a escribir mi opinión en política, porque los tiempos pesan. Y cuando los mensajes coinciden con coyunturas específicas, nuestra lectura nos obliga a ir más allá de una lona colgada en vía pública para revisar y cuestionarnos por el contexto en el que aparece.
Primero: el reciente “pacto de no agresión” que se cantó en varios sitios noticiosos y de opinión entre dos aspirantes hombres dentro del mismo espectro político, hijos de exgobernadores. Una foto y un supuesto acuerdo que, en teoría, buscaría contener la confrontación interna rumbo a 2027. Pero la política rara vez se mueve en líneas rectas. Cuando se baja el volumen en un frente, suele subir en otro.
Segundo: el tema del llamado “huachicol de agua” en Cabo San Lucas, municipio de Los Cabos, que fue expuesto públicamente desde instancias federales como la Conagua en la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum. Un asunto delicado que implica redes, permisos, distribución y posibles responsabilidades, pero además abre una batalla más en la guerra por el acceso y control del agua, uno de los problemas estructurales de Baja California Sur.

Tercero: el relanzamiento del Partido del Trabajo el 29 de marzo, previo a la Semana Mayor, donde el alcalde de Los Cabos, Christian Agúndez Gómez, no sólo intentó mostrar músculo, sino también dio cuenta de su propia incomodidad con Morena.

“Levante la mano quien sea de Morena. Espérate, quiero ver, quiero ver, quiero ver. ¿Nadie, nadie? Ah, entonces sí podemos hablar a gusto”, lanzó antes de su discurso el cabeño.
Agúndez acusó que desde la Conagua se estarían bloqueando gestiones municipales y deslizó que actores políticos (sin mencionarlos directamente) estarían detrás de esa dinámica. En ese mismo tono, se refirió a la alcaldesa de La Paz como “la señora”, marcando su distancia.
“Hay muchas cosas que nos están culpando… y no son ciertas […] Hay un grupo de personas trabajando con la señora que nos está afectando […] El delegado de Conagua… está trabajando para meternos trabas […] Nada más que en el nacional también salieron con que hay un supuesto huachicoleo en Los Cabos […] Fíjense el agravio a las familias de no poder avanzar con el tema del agua solamente por intereses particulares”, fueron parte de sus consignas.
En ese contexto, la manta aparece el 6 de abril por la madrugada. Y no es menor que retome exactamente dos ejes que ya estaban en la conversación pública: el “huachicol de agua” y los presuntos cobros. El lenguaje es burdo al grado de no ser legible, la ortografía muy mala y el origen anónimo. Pero el contenido no surge en el vacío.
Aquí es donde la pregunta se vuelve inevitable: ¿casualidad o sincronía política?
Porque si bien todavía no hay pruebas que respalden las acusaciones contenidas en la manta, sí hay un entorno ensombrecido en el que distintos actores quieren posicionar narrativas sobre el control del agua, la gestión pública y la disputa por el poder.
La lona no prueba nada, pero es reveladora
Revela que la contienda interna dentro de las fuerzas que hoy gobiernan Baja California Sur ya no es por debajo de la mesa. Las tensiones existen y aunque algunos pacten acuerdos de no agresión, el conflicto puede desplazarse hacia otras formas de expresión.
El problema del agua, históricamente técnico, se ha politizado al máximo e inclusive “partidizado”. Y cuando eso ocurre, deja de ser sólo un problema de infraestructura para convertirse en un campo de disputa electoral.
El riesgo es que, en medio de esta guerra de discursos y posverdades, el fondo desaparezca y el debate político deje de centrarse en soluciones y se convierta en una cadena de señalamientos, insinuaciones y hasta mensajes anónimos.
Porque al final, más allá de quién colocó la manta o con qué intención, lo que queda es una pregunta más profunda: ¿quién gana cuando la política se degrada al nivel de la lona anónima?
La respuesta es nadie.
Pero sí deja claro algo: el 2027 tiene rato que ya empezó.





