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El concierto coral que hizo guardar silencio a todo el Teatro Juárez

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El Segundo Encuentro de Coros reunió a 172 cantantes en el Teatro Juárez de La Paz. El recinto registró lleno total en una noche que emocionó al público y confirmó el auge de la música coral en Baja California Sur

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur.- Hay conciertos que se recuerdan por una interpretación brillante. Otros por la presencia de artistas de prestigio. Y hay noches excepcionales en las que ocurre algo más difícil de describir: cientos de personas respirando al mismo tiempo, guardando silencio al unísono y sintiendo que forman parte de una sola obra.

Eso ocurrió la noche del sábado en el Teatro Juárez durante el Segundo Encuentro de Coros en La Paz, Baja California Sur, una celebración de la música vocal que reunió a 172 cantantes sobre el escenario y que obligó a cerrar las puertas cuando el recinto se llenó al máximo.

Mientras algunos asistentes buscaban un espacio entre los pasillos y otros lamentaban haberse quedado fuera, dentro del centenario teatro paceño se desarrollaba un recorrido musical que transitó por la canción popular mexicana, la música académica, el repertorio latinoamericano, obras infantiles, arreglos contemporáneos y composiciones corales de tradición europea.

Lo notable no fue únicamente la diversidad del programa, sino la amplitud de edades y trayectorias reunidas en un mismo escenario. Desde niños que daban sus primeros pasos en el canto colectivo hasta músicos profesionales con décadas de experiencia compartieron una misma convicción: la voz sigue siendo el instrumento más cercano al ser humano.

La velada reunió al Coro Nuevo Atardecer, el Coro de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), el Coro de la Escuela de Música del Estado, el Coro Infantil Piccolo, el Coro de la Estaca de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Ensamble Vocal Añuití, el Coro Baja Music, el Ensamble Vocal Yubarta, el Coro Xoros y al Octeto Vocal de la Secretaría de Cultura del Estado de México, invitado especial del encuentro.

La presencia del octeto mexiquense aportó uno de los momentos más celebrados de la noche. Bajo la dirección de Jesús Lujambio González, la agrupación mostró el refinamiento técnico que exige una de las formaciones más complejas dentro de la música coral: dos voces por cada cuerda vocal, una estructura donde cualquier mínimo desajuste queda expuesto y donde la precisión colectiva se convierte en arte. Tras cada interpretación, el público respondió con largas ovaciones. El propio director reconoció que pocas veces habían recibido una respuesta tan cálida como la encontrada en La Paz.

Pero quizá uno de los aspectos más significativos del encuentro fue la convivencia entre generaciones de músicos. Entre los invitados destacó el compositor y director Jorge Córdoba Valencia, figura reconocida de la dirección coral mexicana, con más de cinco décadas de trayectoria y un catálogo superior a cien obras.

Durante su participación, Córdoba propuso algo más que un concierto: una experiencia sonora con sonidos de lluvia, naturaleza, truenos y aves, que provocó un fenómeno poco habitual en las salas de concierto. Al concluir, el público permaneció inmóvil durante varios segundos, sin aplaudir. No por desinterés, sino por el impacto de lo escuchado.

“Los dejamos congelados porque era una experiencia nueva”, relató después el maestro, quien celebró que la música siga teniendo la capacidad de conmover y abrir espacios para la reflexión y la esperanza.

Detrás de la organización estuvo Luis Adrián Navarro Guzmán, director del Coro Xoros y promotor de una iniciativa que comenzó modestamente en noviembre pasado y que en pocos meses se transformó en uno de los encuentros corales más importantes que ha tenido recientemente la ciudad.

Para Navarro, el objetivo va más allá de un concierto anual. Se trata de construir una comunidad coral sólida, visible y permanente, capaz de acercar a más personas a la práctica del canto colectivo.

La clausura reunió a decenas de voces en una interpretación conjunta que transformó el escenario en un gran organismo sonoro. Ya no importaban las diferencias de edad, experiencia o procedencia. Durante unos minutos, todos cantaron como si pertenecieran al mismo coro.

En tiempos donde la música suele consumirse de forma individual a través de audífonos y pantallas, el encuentro recordó algo esencial: la fuerza de la música coral no radica únicamente en escuchar, sino en compartir.

Y esa noche, en La Paz, más de 170 voces demostraron que cuando una comunidad decide cantar junta, también encuentra una forma de reconocerse a sí misma y encontrar, como el nombre que evoca esta ciudad, “la paz”.

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