
Entre libros-objeto, fotografía intervenida, esculturas hechas con residuos, literatura, danza y música, el jueves de la Muestra PECDA 2025 dejó ver en su exposición las conversaciones, los procesos y la comunidad que mantiene viva la creación artística en Baja California Sur.
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. –Siento bonito al llegar a una exposición unos minutos antes de que realmente empiece. Todo parece estar a medio camino: las luces ya están encendidas, las obras ocupan su lugar, los artistas dan algunas vueltas con algo de intranquilidad y los primeros visitantes caminan despacio, como si todavía no quisieran romper el silencio.
Así arrancó el jueves de la Muestra PECDA 2025.
Poco a poco la Galería Carlos Olachea comenzó a llenarse de conversaciones. De saludos entre colegas, de abrazos, de personas que se detenían frente a una pieza sin prisa, tratando de descifrarla antes de seguir caminando. Esa es, en mi opinión, la mejor manera de recorrer una exposición: dejando que cada obra marque su propio ritmo.
Ver una exposición cuando todavía todo está fresco es un privilegio; presenciar cuando el artista sigue cerca de su obra y todavía recuerda exactamente por qué tomó esa fotografía, por qué eligió ese material o por qué decidió dejar un espacio vacío.
No hacía falta leer las fichas técnicas para darse cuenta de que este año abundó la experimentación. Había libros convertidos en objeto, publicaciones suspendidas del techo que obligaban al espectador a rodearlas para leerlas desde distintos ángulos; esculturas hechas con impresión 3D que dialogaban con especies del desierto; enormes estructuras metálicas que parecían esqueletos orgánicos atrapando residuos reciclados; fotografía intervenida y piezas gráficas donde el proceso creativo permanecía tan visible como la obra terminada.
La primera pieza que me atrapó fue No volveré hecha sal, de Claudia Sánchez Huergo, fotografías que parecen devolver la mirada. Las intervenciones obligan a acercarse, a cambiar de distancia una y otra vez. No es una serie que se agote en un vistazo. Se queda dando vueltas incluso después de haber seguido caminando.
Unos pasos más adelante aparecía Decimos porque somos porque, de Rodolfo Esquivel Tiscareño. Un libro-objeto que juega con el lenguaje, con la escritura y con la necesidad humana de nombrar las cosas para entenderlas. Más que pedir una lectura lineal, invitaba a rodearlo, a descubrirlo por partes, como si la obra se negara a entregarse completa de una sola vez.
Muy cerca convivían las piezas de Rodrigo Murillo. Sus Basureros conceptuales reciclados están hechos de impresión 3D, piezas metálicas y materiales recuperados, pero sería injusto resumirlos por su técnica. Lo interesante ocurre cuando uno reconoce animales nacidos de aquello que normalmente terminaría olvidado en un montón de chatarra, su arte consistió en convertir el desperdicio en una criatura que vuelve a reclamar nuestra atención.
Había algo especialmente agradable en recorrer la muestra: nadie parecía tener prisa. Los propios artistas conversaban junto a sus piezas, respondían preguntas, explicaban procesos o simplemente observaban cómo cada visitante encontraba una lectura distinta.
Pero la muestra PECDA no se agotaba en los muros de la galería. La conversación, esa misma que se tejía frente a las obras, se trasladó a la mesa de literatura para luego expandirse al escenario del Teatro de la Ciudad, demostrando que el arte, sea cual sea su formato, es ante todo un acto de diálogo. Así, Cuando cayó la tarde, la conversación se mudó unos metros, del recorrido entre las obras a la mesa de literatura. Tocó el turno de los proyectos editoriales y de gestión cultural, todos muy distintos entre sí, pero atravesados por la misma obstinación de seguir haciendo cultura desde Baja California Sur.
Compartí la mesa con Yaroslavi Bañuelos Ceseña, quien presentó Colmena: poéticas del encierro en el desierto urbano; con Modesto Peralta Delgado, autor de Los calzones rotos de la justicia; y con Luis Rodolfo Meza Estrada, que compartió Roots. Esa mezcla es significativa, el PECDA no sólo exhibía obra terminada; mostraba también los procesos, las redes de colaboración y las pequeñas comunidades culturales que sostienen buena parte de la producción artística del estado.
A mí me tocó hablar de MUJERESALADAS, una revista que comenzó como una apuesta entre mujeres convencidas de que hacía falta abrir más espacios para la literatura y el arte hecho por mujeres, y que hoy reúne voces de distintos rincones de Baja California Sur, de México y de otros países. Mientras escuchaba las intervenciones, pensaba que, en el fondo, todos los proyectos que estábamos compartiendo esa tarde nacían de la inquietud de encontrar una manera de dialogar con los demás a través de la creación.
Después, la actividad se trasladó al Teatro de la Ciudad.
La cartelera cambiaba completamente de ritmo. Danza ancestral, breaking, flamenco, música y otras disciplinas escénicas fueron ocupando el escenario conforme avanzaba la noche, recordando que el programa no pertenece a una sola disciplina artística sino que funciona como un punto de encuentro para expresiones muy distintas entre sí.
Y quizá esa fue la sensación que más me acompañó durante la tarde de este jueves en la Muestra PECDA 2025, la de estar viendo una fotografía bastante honesta del momento creativo que vive Baja California Sur. No una colección de obras que se parecen entre sí, sino justamente lo contrario. Fotografía, instalación, libro-objeto, reciclaje, experimentación, memoria, identidad. Lenguajes distintos compartiendo el mismo espacio sin necesidad de ponerse de acuerdo, donde lo que realmente ocurre es el encuentro. Durante unos días, artistas que suelen trabajar en silencio coinciden en un mismo espacio, descubren el trabajo de otros, y se muestra ante el público para que también procese qué sucede detrás de las becas, los talleres y los meses de investigación que rara vez son visibles.
Cuando salí de la Muestra ya era de noche. Afuera los grupos seguían platicando, dándose abrazos demorados y partiendo a casa con una libreta, un libro o una idea nueva entre manos. Supongo que de eso se trata una muestra. No sólo de exhibir obras, sino de dejar algo dando vueltas en la cabeza cuando uno vuelve a casa.
La Muestra PECDA 2025, que reúne a los beneficiarios del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico de Baja California Sur, se presentó del 13 al 16 de julio en la Galería de Arte Carlos Olachea Boucéguez, ubicada en Antonio Navarro entre Altamirano y Heroes de Independencia, colonia Centro, La Paz, BCS.