
El ISSSTE fortalece la vacunación en Baja California Sur para prevenir enfermedades y proteger a niñas, adultos, embarazadas y personas mayores.
Por: José Jesús Flores Castro
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – En salud pública, pocas decisiones producen tantos beneficios con una intervención tan sencilla como la vacunación. Una dosis aplicada en el momento oportuno puede evitar una infección grave, una hospitalización, una incapacidad laboral, un traslado de emergencia y, en los casos más delicados, una muerte. Por eso, hablar de vacunas no es referirse únicamente a una práctica clínica: es hablar de prevención, responsabilidad social y anticiparse a la enfermedad.
Esta consideración adquiere una relevancia particular en Baja California Sur. La extensión territorial, la dispersión de numerosas comunidades y las largas distancias entre algunas localidades y los hospitales de mayor capacidad resolutiva convierten cada enfermedad prevenible en un problema médico, familiar y logístico. Cuando una niña, un adulto mayor o una persona con un padecimiento crónico requiere atención hospitalaria, el costo no se limita al tratamiento. También puede implicar traslados, ausencias laborales, gastos familiares y presión adicional sobre los servicios de salud.
En ese contexto, la vacunación que realiza el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) debe entenderse como una estrategia que acompaña a la persona durante toda su vida. El Instituto participa en el Programa de Vacunación Universal y aplica los biológicos contemplados en el esquema nacional de acuerdo con la edad, los antecedentes de vacunación y las condiciones clínicas de cada persona. No se trata de una tarea reservada para la infancia ni de una campaña limitada a la temporada invernal.
Las vacunas preparan al sistema inmunológico para reconocer determinados virus o bacterias y responder con mayor rapidez ante una exposición. No curan una enfermedad ya desarrollada, pero pueden impedir que aparezca, reducir su gravedad y disminuir la posibilidad de complicaciones, secuelas u hospitalización. Esa diferencia es fundamental: la vacunación actúa antes del daño, cuando todavía existe la oportunidad de evitarlo.
La protección comienza desde el nacimiento. La vacuna BCG ayuda a prevenir las formas graves de tuberculosis infantil, mientras que la dosis contra la hepatitis B reduce el riesgo de una infección que puede volverse crónica y provocar cirrosis o cáncer de hígado. A partir de los dos meses, la vacuna hexavalente protege contra difteria, tosferina, tétanos, poliomielitis, hepatitis B e infecciones causadas por Haemophilus influenzae tipo b.
En los primeros meses también se aplican las vacunas contra rotavirus y neumococo. La primera disminuye el riesgo de diarrea grave y deshidratación; la segunda protege frente a neumonía, meningitis, sepsis y otras infecciones invasivas. Desde los seis meses se incorpora la vacunación contra la influenza estacional, especialmente importante para menores de cinco años y personas con factores de riesgo.
La vacuna triple viral protege contra sarampión, rubéola y parotiditis. Su importancia ha vuelto a ser evidente ante la reaparición de casos de sarampión, una enfermedad altamente contagiosa que puede producir neumonía, encefalitis y muerte. La rubéola representa un riesgo considerable durante el embarazo, mientras que la parotiditis puede ocasionar complicaciones neurológicas y afectar diversos órganos. Completar las dosis y los refuerzos no es un detalle administrativo: es lo que permite alcanzar una protección efectiva.
El director general del ISSSTE, Martí Batres Guadarrama, sintetizó esta responsabilidad durante la campaña contra el sarampión con un llamado directo: “¡Vacúnate! Lleva a tu familia a vacunarse”. La frase resulta pertinente porque la vacunación tiene una dimensión individual y otra colectiva. Quien completa su esquema disminuye su propio riesgo, pero también reduce la circulación de los microorganismos y contribuye a proteger a bebés, personas inmunosuprimidas, adultos mayores y pacientes que, por razones médicas, pueden ser más vulnerables.
La prevención continúa durante la adolescencia. La vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) se aplica antes de una posible exposición al virus y permite reducir el riesgo de lesiones precancerosas y de diversos tipos de cáncer, entre ellos el cervicouterino. Los adolescentes también deben completar esquemas contra sarampión, rubéola, parotiditis, hepatitis B, tétanos y difteria cuando no exista constancia de las dosis correspondientes.
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la vacunación termina al concluir la niñez. En la edad adulta deben mantenerse los refuerzos contra tétanos y difteria, además de revisar los esquemas incompletos. La protección contra el tétanos es especialmente relevante ante heridas profundas, contaminadas, mordeduras o accidentes laborales. Asimismo, quienes viven con diabetes, obesidad grave, enfermedades cardiacas, pulmonares o renales, cáncer o inmunosupresión necesitan protección estacional contra influenza y, conforme a los lineamientos vigentes, contra COVID-19.
El embarazo también requiere una estrategia específica. La vacuna Tdpa, aplicada en cada embarazo, protege contra tétanos, difteria y tosferina. Los anticuerpos maternos atraviesan la placenta y brindan protección temporal al recién nacido durante los primeros meses, cuando todavía no ha completado su propio esquema. La vacunación contra influenza y COVID-19 disminuye el riesgo de complicaciones maternas y contribuye a proteger al bebé. De acuerdo con los lineamientos y la disponibilidad institucional, también puede considerarse la inmunización materna contra el virus sincicial respiratorio.
En las personas adultas mayores, la vacunación es igualmente indispensable. El envejecimiento modifica la respuesta inmunológica y aumenta la susceptibilidad a infecciones respiratorias. La vacuna anual contra influenza, los refuerzos contra COVID-19 y la protección antineumocócica ayudan a prevenir neumonía, meningitis, bacteriemia y sepsis. En un estado con distancias, evitar una complicación respiratoria significa también reducir traslados desde comunidades apartadas hacia hospitales ubicados en centros urbanos.
El ISSSTE combina la aplicación de vacunas en sus unidades médicas con brigadas, módulos temporales y acciones extramuros en centros laborales, escuelas y comunidades. En Baja California Sur, esperar a que toda la población llegue por sus propios medios a una clínica puede dejar fuera a quienes enfrentan mayores barreras geográficas, económicas o de movilidad. La prevención efectiva exige acercar los servicios.
También es necesario convertir cada consulta en una oportunidad para revisar la Cartilla Nacional de Salud. Una persona que acude por cualquier motivo puede tener dosis pendientes sin saberlo. Identificar esos vacíos, orientar a las familias y completar los esquemas debe formar parte de la atención cotidiana. Cuando una vacuna se retrasa, por lo general no es necesario reiniciar todo el esquema; el personal de salud revisa los antecedentes y programa las dosis faltantes.
La vacunación requiere información clara y confianza pública. Los rumores, la desinformación y la falsa percepción de que ciertas enfermedades han desaparecido pueden reducir las coberturas y abrir la puerta a nuevos brotes. Las enfermedades prevenibles no dejan de existir porque ya no las veamos con frecuencia. Precisamente se observan menos porque durante décadas millones de personas fueron vacunadas.
Fortalecer la vacunación en el ISSSTE de Baja California Sur significa pasar de una medicina concentrada en atender daños a una política que los evite: proteger a la niñez desde sus primeras horas de vida, acompañar a adolescentes y adultos, cuidar a las mujeres embarazadas y reducir riesgos entre jubilados, pensionados y personas con enfermedades crónicas. Vacunarse a tiempo es una decisión personal con consecuencias colectivas.
Mantener actualizada la cartilla, acudir a los refuerzos y llevar a la familia a vacunarse son acciones sencillas, pero trascendentes. En una entidad donde la distancia puede convertirse en una barrera para la atención, cada vacuna aplicada oportunamente representa una enfermedad evitada, una cama hospitalaria disponible y una vida mejor protegida.





