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Leer también es conversar

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Los clubes de lectura ofrecen un espacio para confrontar ideas, compartir interpretaciones y descubrir nuevas formas de acercarse a un libro.

Los clubes de lectura ofrecen un espacio para confrontar ideas, compartir interpretaciones y descubrir nuevas formas de acercarse a un libro.

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. –Algunas personas reservan una tarde al mes para detener sus actividades regulares, hablar de un libro y escuchar otras formas de leerlo. En los últimos años, los clubes de lectura mantienen una presencia constante y se han convertido en espacios donde la literatura se convierte en una experiencia compartida.

El pasado lunes tuve la oportunidad de asistir a una nueva sesión del Club Internacional de Lectura El Ombligo del Ocio, una sala de lectura adscrita al Programa Nacional de Salas de Lectura que, desde hace varios años, reúne mensualmente a lectores en el Centro Cultural La Paz. La dinámica es sencilla: todos leen el mismo libro y, llegado el día, se sientan en circulo para compartir aquello que la lectura les despertó. Sin embargo, lo que ocurre ahí difícilmente puede resumirse a una “discusión literaria”.

En esta ocasión, la obra elegida fue Historia de O, la célebre novela de Pauline Réage. Desde el inicio quedó claro que no era precisamente el libro más querido en la historia del club. Hubo quienes confesaron que les costó terminarlo, quienes señalaron que la narración les pareció repetitiva o distante, e incluso quienes reconocieron que simplemente no lograron conectar con la protagonista.

Y, paradójicamente, fue justamente eso lo que convirtió la sesión en una de las más comentadas. Durante casi dos horas, la conversación transitó por caminos relacionados al argumento de la novela pero también habló del consentimiento, de la diferencia entre sumisión y violencia, del contexto histórico en el que fue escrita la obra, de la mirada femenina sobre el deseo, de las distintas interpretaciones feministas que ha recibido a lo largo de los años y de cómo un mismo texto puede provocar incomodidad, rechazo o fascinación dependiendo de quién lo lea.

Aunque muchas veces pasan desapercibidos, los clubes de lectura forman parte de una red cultural activa en la ciudad y parte de su encanto es escuchar argumentos distintos sobre la misma lectura, descubrir detalles que habían pasado inadvertidos para otros y comprobar que un libro nunca termina realmente cuando se cierra la última página, porque toda lectura está atravesada por la experiencia personal de quien sostiene el libro.

El Ombligo del Ocio es solo uno de los diversos clubes y salas de lectura que mantienen viva esta práctica en La Paz. Existen espacios impulsados por instituciones públicas, librerías, colectivos independientes y mediadores de lectura que organizan encuentros para conversar sobre novelas, cuentos, poesía o ensayo. Algunos privilegian la literatura contemporánea; otros buscan recuperar clásicos o difundir la obra de autores locales.

En tiempos en que la lectura suele medirse por estadísticas o desafíos de internet, estos clubes recuerdan que leer también puede ser una práctica social y formar parte importante de la vida cultural de una ciudad y de las personas, sobre todo en esta época en la que buena parte de nuestras conversaciones ocurren detrás de una pantalla y suelen reducirse a comentarios breves o reacciones inmediatas, por lo que sentarse durante un par de horas a hablar de literatura resulta casi un acto de resistencia.

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