
Joao Rodríguez llega por primera vez a La Paz y presenta Parteaguas, una exposición de grabado, video e intervenciones efímeras inspirada en dos años de recorridos entre el Caribe y el Pacífico.
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. –Joao Rodríguez llegó a La Paz apenas un día antes de inaugurar Parteaguas. La exposición estaba prácticamente lista, sus piezas montadas, la museografía resuelta y buena parte del trabajo del Museo de Arte de Baja California Sur concluido. Pero la mañana de la inauguración el artista estaba ahí, aun trabajando directamente sobre el muro una de las intervenciones que forman parte de la muestra.
“Son las mismas placas, pero quitándole un poco la formalidad al papel de algodón, al papel profesional y todo esto”, explicó Rodríguez. “Está impreso en papel revolución, pensándolo un poco como una pega callejera o como algo de intervenir distintos muros”.

La pieza fue planeada prácticamente en el sitio. “Lo hicimos en la mañana. Fue un poco planearlo en el momento. Se puede ajustar a otros muros, a otras composiciones; por eso va como intervención a muro”.
Los mismo la instalación de tortugas pegadas al piso que acompañan parte de la exposición. Esa posibilidad de construir, modificar y finalmente desmontar atraviesa una parte importante de Parteaguas, exposición inaugurada en el Museo de Arte de Baja California Sur y que permanecerá abierta hasta diciembre.
Joao Rodríguez nació en Sonora, pero vive desde 1985 en Guadalajara, ciudad en la que desarrolla buena parte de su producción artística. Esta es su primera visita a La Paz.

“No había estado aquí. Es mi primera vez”, contó. “Tiene que ver con hacer circular el trabajo, llevarlo a otros lugares, pero sobre todo me interesaba este proyecto que tiene que ver con el paisaje marino, que se viera en lugares donde es importante el mar”.
Rodríguez había trabajado anteriormente en Los Cabos y quería extender el proyecto hacia La Paz. “En San José, en Cabo, en San Lucas, estuve trabajando este proyecto y se me antojaba mucho extenderlo hacia acá con ustedes, a La Paz”.
El mar que aparece en la exposición comenzó a construirse durante aproximadamente dos años, aunque el artista reconoce que al principio no existía necesariamente una intención de desarrollar una muestra alrededor de él, sino que fueron las circunstancias las que comenzaron a repetirse.
“El año pasado me invitaron a hacer residencias y coincidía que eran lugares con mar. La primera fue en Puerto Escondido, en Oaxaca, y antes me habían invitado a una residencia en Mérida”.

Más que salir a buscar deliberadamente esos territorios, fue un ejercicio de reconocer el ambiente marino que ya estaba apareciendo de manera constante en su trabajo. “Creo que más bien lo que me tocó fue ordenar todo esto que ya me estaba pasando y que estaba puesto ahí. No eran lugares con mar que yo buscara. De alguna forma fue, en algún momento, juntarlo y decir: ‘si estoy trabajando ahí y es lo que veo, lo tengo que unir con una exhibición’”.
Así comenzó a tomar forma Parteaguas. “He estado trabajando dos años más o menos entre el Caribe y el Pacífico, no buscándolo y después sí ordenando ya todo eso. Entonces estamos viendo trabajos de los últimos dos años”.
En el mar de Rodríguez aparecen representaciones de formas que se expanden o se desvanecen como una pulsación debajo del agua. Al preguntarle por esa lectura, el artista la confirma, aunque la lleva hacia otro sitio.
“Son como latidos bajo el agua. Tienen que ver más con el avistamiento de ballenas y con saber que es el mamífero más grande. Todo esto tiene que ver más como con el corazón”. La intención que nos rebela el autor no era dibujar o representar las formas marinas de manera evidente, sino hablar de ellas sin mostrarlas. “De alguna forma, hablar de la ballena sin decir ballena”.

La técnica ayuda a construir esa sensación. Las piezas son grabados y, explica Rodríguez, cada una es única. No trabaja una edición de múltiples ejemplares. Para conseguir el efecto de una imagen que parece palpitar y luego desaparecer, mueve progresivamente la placa. “Lo que hago es ir moviendo la placa del registro para ir descargando tinta. Entonces va logrando los medios tonos hasta que se difumina o desaparece”.
Aunque Rodríguez trabaja principalmente con pintura, la gráfica siempre había estado presente en su producción. El año pasado decidió detenerse en ella, dando al grabado un lugar particular en esta etapa de su trayectoria.
“Hago más pintura que gráfica, pero la gráfica siempre ha estado presente en mi producción. El año pasado quise hacer un ejercicio más a profundidad sobre el grabado y decidí no pintar… Quería dedicar un año a investigar y producir gráfica. El año pasado me dediqué a hacer esto. Fue también medio de disciplina, de querer estudiar la técnica”.
Esa investigación convive en Parteaguas con video, grabado e intervenciones efímeras. El artista no rehúye una reflexión sobre el arte contemporáneo y su permanencia, por el contrario, algunas de sus obras han sido producidas con la intención de permanecer y otras nacieron sabiendo que terminarán desapareciendo. La intervención del muro de la que hablamos al inicio de este texto está pensada así. También las tortugas instaladas durante la mañana de la inauguración. Cuando concluya la exposición, serán retiradas.

“En mi práctica tengo varias piezas de murales efímeros, que son temporales. Funcionan un rato y luego desaparecen, o se tienen que borrar, o se pueden reciclar”.
En un sistema artístico construido en buena medida alrededor de conservar objetos, la decisión introduce una contradicción que Rodríguez no intenta resolver. Por un lado está el trabajo destinado a sobrevivir. “Tenemos un compromiso de que el papel tiene que ser cuidado, el marco, la impresión, porque al final el coleccionista lo que quiere es que duren sus piezas y que se conserven. Entonces sí hay todo el rigor en estas piezas: el enmarcado, el papel, la impresión”. Y, al mismo tiempo, existen las otras. “Dentro de mi práctica hago cosas que son así, efímeras. Puede ser medio en contradicción, pero sí está cuestionando el mismo mercado del arte, la circulación y la permanencia también”. Entre ambas está la experiencia.
“Creo que sí es un poco cuestionar la permanencia y hacer piezas de ese tipo”.
En la presentación de la muestra se habló de esta práctica como una constante dentro del proceso creativo de Rodríguez. Para él, caminar es una forma de pensar. “En Guadalajara camino mucho. Creo que me ayuda a ordenar, a respirar, a dar ideas, el estar caminando”. Y los territorios que dieron origen a Parteaguas fueron recorridos de la misma manera. “Todos estos paisajes han sido muy caminados”.

La Paz, hasta la tarde de la inauguración, todavía no. Había llegado apenas un día antes. Entre la charla previa, el montaje de las últimas intervenciones y la apertura de la exposición, había tenido poco tiempo para recorrer la ciudad. “Mañana sí. Es parte del plan recorrer por lo menos el malecón caminando”.
Rodríguez espera que Parteaguas no sea tampoco su último trabajo en La Paz. Durante los meses que permanezca abierta la exposición, existe la posibilidad de regresar y producir obra en la ciudad. “Estamos viendo, tanto por el periodo largo de esta exhibición, la posibilidad de regresar a trabajar algunas piezas de grabado aquí. Y sigo preparando también exposiciones y proyectos paralelos a esto”.
Por ahora, su primera visita deja en el MUABCS un paisaje compuesto durante dos años entre costas, residencias, caminatas y procesos de experimentación gráfica. Algunas piezas permanecerán, otras serán despegadas de los muros. Y Rodríguez parece cómodo con ambas posibilidades.
Antes de despedirse, Joao Rodríguez deja una invitación abierta a la comunidad:

“Ojalá puedan visitar la exposición. Me daría mucho gusto que más gente de La Paz pueda verla. Creo que el museo está haciendo un muy buen trabajo, entonces visiten el museo, visiten mi exposición y las siguientes exhibiciones que programe el museo también”.
Parteaguas permanecerá abierta al público en el Museo de Arte de Baja California Sur hasta diciembre.





