
Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra.18 de Brumario, Karl Marx, p. 134
Por: Francisco Alejandro Camacho Becerra.
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – En un giro dramático de los eventos, lo que parecía ser la noche del oficialismo guinda, de la continuación de la facción castrista (castrista de Víctor Castro) y la fiesta de su candidata Milena Quiroga se fueron junto con los vientos huracanados de Polo. Manuel Cota Cárdenas -diputado federal por el PVEM con licencia- era elegido por la encuesta y se convertía en el defensor de la unidad popular en el poder -la alianza de la Cuarta Transformación- para contender al puesto de gobernador de la entidad.
La elección de Cota pudiera parecer una sorpresa para algunos y una obviedad para otros, pero es muestra del momento actual en nuestra política local: representa la corrosión del oficialismo del actual gobernador, la selección de la carta fuerte del partido gobernante para evitar el desgaste frente a la oposición y la desmembración del frente de Morena con sus aliados, representa el ungimiento del candidato entre las mieles de la aceptación popular y la renovación generacional, pero principalmente representa que la tendencia continuista del proceso de acumulación capitalista en la región con la aprobación de las masas, la misma continuidad que amenaza la Sierra de la Laguna y prosigue la gentrificación, seguirá por el momento.
No se debe por ello minorizar el desgaste generado por las precampañas internas. Quiroga y Agundez siguen siendo piezas claves de varias y distintas facciones de la sociedad de clases sudcaliforniana. La lucha interna por el reparto del pastel sigue hasta que se apaguen todas las luces de la fiesta.
Las encuestas dejan ver una mayor seguridad de Morena frente a la oposición que la ofrecida por Quiroga. La derecha intervencionista y filo yanqui del PAN y el candidato de la burguesía local Pancho Pelayo no logra despegar y posiblemente se quede relegado a un segundo puesto como en su enfrentamiento con Víctor Castro en 2021. Debajo de las águilas, los pajarracos y los zopilotes: el viejo PRI, el débil Movimiento Ciudadano, el nuevo Somos, los pequeños partidos locales como el Partido de Renovación Sudcaliforniana. Morena y Cota aseguran la ventaja en una larga marcha hacia el palacio de gobierno.
Por lo tanto, se debe entender el puesto del candidato a gobernador de este pequeño y alejado estado de la nación desde la totalidad del fenómeno capitalista: un mundo en reorden geopolítico en el que las condiciones económicas específicas de México permitieron el surgimiento del movimiento reformista morenista y su rápida transformación en el partido del capitalismo nacional (como antaño sucedió en la transformación en el Partido de la Revolución Mexicana de Cárdenas al PRI), la intensificación injerencista de Trump y sus secuaces (las victorias electorales de los
candidatos de la derecha latinoamericana afines a él), por lo que Morena decide reforzarse y blindar con los movimientos necesarios el sistema político mexicano frente a bloques externos. Este blindaje es cómodo como el kevlar: permite a la señora Presidenta Claudia Sheinbaum sentarse a negociar con BlackRock, al secretario de seguridad Omar García Harfuch codearse con las agencias norteamericanas, y también permite sellar al candidato con mayor aceptación en el pequeño y alejado terruño sudcaliforniano, pero también un territorio con amplia influencia de capitales estadounidenses en el sector turístico, inmobiliario y comercial. Por eso el proceso de Cota recuerda más a la designación de un burócrata priista de antaño que a un ministro de la Unidad Popular de Salvador Allende. La elección de Cota permite transformar al movimiento en cualquier cosa que el movimiento necesite: la búsqueda por la estabilidad y el fervor masificado sin tener que radicalizar el programa económico en curso.
Nos queda mucho por recorrer. Morena maniobra el mantenimiento del sistema político actual en un momento de encrucijada para las izquierdas burguesas latinoamericanas. La ofensiva norteamericana no tiene intenciones de frenar. A nivel regional, Cota buscará comandar una unidad amarrada con mecates entre las mayorías populares entusiasmadas para llegar a gobernar una relativa zona, pero en la que los conflictos de clases pueden radicalizarse en cualquier momento como ya sucede en otras partes del mundo ¿Qué nos queda buscar a nuestra clase obrera? ¿Hacia dónde conduce nuestra larga marcha?





