Inicio Economía De las ballenas empapeladas al deepfake: así cambia la política en Baja...

De las ballenas empapeladas al deepfake: así cambia la política en Baja California Sur

2
0

La inteligencia artificial, la gentrificación, el alza de la vivienda y la transformación digital están cambiando la política y el perfil de los electores en Baja California Sur rumbo a 2027

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – Amigos, amigas y quienes lean esta columna, quiero platicarles de algo que viene ya muy cerca: Baja California Sur elegirá a sus próximos gobernantes en una sociedad con inteligencia artificial, migración, gentrificación y una conversación política tiene que ocurrir y que cada vez ocurre más dentro de una pantalla.

Hubo un tiempo en Baja California Sur en que las campañas políticas podían medirse por quién tenía más bardas pintadas, colgantes, espectaculares y dinero que se veía gastado en la calle, incluso en momentos como ir a comprar una empapelada del Killiki, leyendo el periódico que envuelve la ballena dando un trago frío, tipo gélido.

Pero no me desvío, me refiero a que la propaganda ocupaba físicamente la ciudad. Algunos decían “está en todos lados”.

Después llegó el Facebook, WhatsApp, luego las páginas anónimas, los memes, las encuestas que ahora nunca faltan en la temporada electoral y los ejércitos de cuentas dedicados a repetir una determinada versión de la realidad. Un discurso a favor y en contra.

Con la inteligencia artificial, la pregunta no es quién ganará las próximas elecciones sino ¿Qué clase de sociedad está produciendo a esos candidatos?.

Hace algún tiempo, un aspirante a coordinador de la Cuarta Transformación —una especie de antesala para ser ungido como candidato a la gubernatura en 2027— convocó a un grupo de periodistas a desayunar.

En algún momento comenzó a circular el micrófono. Cada quien expresó inquietudes, opiniones, consejos y hasta preocupaciones personales sobre el rumbo de la política estatal. Cuando llegó mi turno le dije algo que todavía pienso, lo formularía de otra manera: recomiendo dejar de utilizar la inteligencia artificial como juguete propagandístico.

No creo que la inteligencia artificial sea mala y tampoco creo que podamos detenerla. No puedo imaginar que podremos regresar a un mundo anterior a estas herramientas.

El problema nos llega al cuello cuando se utiliza para falsificar la realidad. Durante la feroz contienda interna de Morena, PT y Partido Verde Ecologista de México en Baja California Sur vimos ejemplos que hace apenas algunos años habrían parecido difíciles de imaginar en una elección local.

Imágenes alteradas, rostros colocados donde nunca estuvieron, contenidos apócrifos, páginas anónimas, ataques personales y materiales producidos o modificados digitalmente. Ya incluso nos parece “normal” que se hayan metido en una parte cotidiana de la discusión.

Algunos deepfakes rayaron incluso en lo cómico. Pero eso no los hace inocentes.

El problema de estas herramientas no consiste únicamente en que alguien pueda fabricar una fotografía falsa.

Esa imagen entra a un ecosistema donde convive y compite dentro del algoritmo con noticias verdaderas, rumores, encuestas, filtraciones, memes, columnas, videos, propaganda pagada y conversaciones privadas. Algunos medios no verifican y las replican. Todo termina dentro del mismo vaso. Como si fuera un licuado que, como periodista, fue difícil de separar. No sabía cómo escribir esto.

Sería aventurado afirmar que una imagen falsa decide por sí misma una candidatura. Tampoco podemos fingir que ese ambiente informativo no influye en la percepción de militantes, dirigentes y ciudadanos.

La política siempre ha utilizado propaganda. La diferencia que observo ahora es la velocidad.

Antes, fabricar una “caja china” efectiva requería dinero, operadores, diseñadores, imprentas, medios o alguna estructura capaz de producirla y distribuirla. Había que poner en movimiento una maquinaria.

Ahora una persona puede generar en minutos imágenes, audios, textos y videos suficientemente convincentes para ponerlos frente a miles de usuarios antes de que alguien tenga oportunidad siquiera de preguntar de dónde salieron.

El fenómeno no solo tiene el componente tecnológico: Las campañas se digitalizan mientras Baja California Sur también está cambiando físicamente.

La Sudcalifornia que votará en 2027 no es la misma de hace diez años. La Paz y Los Cabos están profundamente vinculados con dinámicas económicas que ya no terminan en nuestras fronteras. Basta voltear a ver las torres de departamentos que se multiplican en el centro de La Paz, de Los Cabos, la subida de los precios la vivienda y el ¿agua? ¿de dónde?.

De acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal, en 2024, el precio promedio de una vivienda en Baja California Sur alcanzó los 2 millones 389 mil 430 pesos, con un crecimiento anual de 13.3%.

En esa medición, Baja California Sur aparece solamente detrás de la capital nacional, nuestra Ciudad de México, entre las entidades con los precios promedio más elevados del país. El promedio nacional fue de 1 millón 736 mil 349 pesos.

No es un dato aislado. El capital inmobiliario, turismo internacional, nuevos residentes, trabajadores remotos o nómadas digitales, migración nacional y extranjera, plataformas globales y un mercado de vivienda cada vez más difícil para amplios sectores de la población están modificando nuestros pueblos y ciudades.

Dice la ley que compartimos derechos políticos, pero no llegamos a esta “transformación” desde el mismo lugar.

Una persona que trabaja ocho o diez horas en servicios turísticos, alguien que vive en una colonia periférica y destina buena parte de su ingreso a renta y transporte, un empresario inmobiliario, un pescador, un trabajador remoto que cobra en dólares y una familia que llegó recientemente al estado pueden compartir colonia y al mismo tiempo, habitar realidades económicas completamente distintas.

Todos serán electores. Los próximos candidatos tendrán que hablarles a esas diferentes caras de Baja California Sur (y sus intereses creados) simultáneamente. Ahí también aparece la inteligencia artificial.

Mientras algunos políticos la utilizan para fabricar propaganda mediocre, las empresas y sectores profesionales presumen que ya están certificando personal para automatizar tareas, procesar información, diseñar, programar, escribir, investigar y producir más en menos tiempo.

Entonces aparece otra cara de la desigualdad. Durante años hablamos de que existe una “brecha digital”, es decir, la diferencia entre quienes tenían acceso a internet y quienes no.

La siguiente brecha puede ser entre quienes sepan utilizar inteligencia artificial para producir, aprender y trabajar, y quienes solamente consuman los contenidos que otros generen con ella. Y ahí sí, aguas. No todas las personas tienen el mismo tiempo para aprender.

No todas tienen computadora, conexión estable, suscripciones, conocimientos técnicos, dominio del inglés o jornadas laborales que permitan pasar una tarde experimentando con nuevas herramientas.

Mientras unos aprenden a automatizar su trabajo, otros apenas encuentran tiempo para contestar mensajes cuando salen de trabajar.

Pero eso tampoco significa que debamos aceptar esa desigualdad como inevitable. También tenemos derecho a aprender y a utilizar estas herramientas. A hacer determinadas cosas más rápido y, sobre todo, mejor. Pero lo que necesitamos es mejorar nuestras prácticas, ya que no solo estas máquinas requieren entrenamiento. Nosotros también.

A veces pienso que estamos comenzando a atrofiarnos un poco. Que es fácil delegar rápido el pensamiento, la escritura, la memoria y hasta la imaginación creativa.

Pero me queda la esperanza de estar solamente atestiguando otra etapa de adaptación más, aunque algo brusca. Inclusive los deepfakes se conectan con el problema de la violencia en la entidad.

La diferencia es que la humanidad sí sobrevivió a otras tecnologías que en su momento parecían capaces de destruir profesiones, costumbres y formas de relacionarnos. No me queda más que pensar que esta probablemente hará lo mismo, pero todo ocurre a una velocidad extraordinaria.

La discusión política que viene en Baja California Sur no puede separarse de estas transformaciones.

Nuestros próximos candidatos serán hijos políticos de una Sudcalifornia más conectada con el mundo, cara, más desigual, más diversa y profundamente digital.

Algunos entenderán ese cambio. Otros probablemente seguirán creyendo que basta con llenar Facebook de fotografías sonriendo, encuestas favorables y diseños hechos con inteligencia artificial.

El reto no es aprender a generar una buena imagen, sino entender qué sociedad existe detrás de la pantalla. ¿Quién aprende a utilizarla?, ¿quién queda fuera?, ¿quién la controla? y ¿para qué decide utilizarla?

Tenemos que asumir una responsabilidad. Aprender a convivir con estas herramientas sin entregarles aquello que todavía nos corresponde decidir: qué creemos, qué consideramos “verdadero” y qué clase de Baja California Sur queremos construir.

Las máquinas podrán aprender a escribir discursos, fabricar fotografías, imitar voces y hasta hacerle propaganda a un candidato. Lo que todavía no deberían hacer por nosotros es pensar.

Si va a usar inteligencia artificial, úsela. Pero no le entregue también el cerebro.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí