Inicio Noticias Justicia “La vida de mi familia quedó suspendida”: 16 años buscando a Lisset

“La vida de mi familia quedó suspendida”: 16 años buscando a Lisset

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Melchor escogió el lugar, no por comodidad ni por visibilidad. Explicó que existen documentos de la averiguación previa, una reconstrucción de hechos, imágenes y registros telefónicos que ubican a Lisset después de bajar del transporte público. Foto: Cortesía / Alberto Cota

Melchor Soto volvió al punto de Camino Real donde quedó la última referencia documentada de su hija. Ahí sembró un pequeño árbol para que, como él mismo explicó, siga creciendo la esperanza; después de 16 años asegura que no ha dejado de buscarla “ni un solo día”

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur.- Es un árbol pequeño, pero para Melchor Soto, representa algo que ha tenido que mantener durante 16 años: la esperanza de encontrar a su hija. Lo sembró en Camino Real, cerca del lugar donde la investigación señala como último lugar donde fue vista Lisset Soto Salinas, y pidió que crezca ahí, en el mismo sitio donde, para su familia, el tiempo se detuvo.

“La vida de mi familia quedó suspendida en el tiempo”, dijo Melchor a las cámaras y medios de comunicación que presenciaron el momento.

Lisset tenía 8 años y 11 meses cuando desapareció el 14 de octubre de 2010. Regresaba de la escuela. Tenía, recordó su padre, “sueños, ilusiones, una familia que le esperaba y una vida entera por delante”.

Dieciséis años después no existe una respuesta definitiva sobre dónde está ni sobre qué ocurrió con ella.

Melchor escogió el lugar, no por comodidad ni por visibilidad. Explicó que existen documentos de la averiguación previa, una reconstrucción de hechos, imágenes y registros telefónicos que ubican a Lisset después de bajar del transporte público.

Una cámara la captó caminando y después ocurrió aquella llamada que su familia no ha podido olvidar: Lisset habló con su madre para decirle que tenía miedo porque una camioneta la venía siguiendo. Es la última referencia que, según su padre, quedó de ella.

Foto: Cortesía / Alberto Cota

En esa esquina la familia declaró ahora un Sitio de Memoria Lisset Soto Salinas. Más que una placa o un nombre colocado en la calle, Melchor quiere que sea un recordatorio de que ahí pasó una niña que un día no llegó a casa y que, después de más de una década y media, su familia todavía espera una explicación.

“Queremos, como parte de seguir con una búsqueda en vida, representar a mi hija a través de un pequeño árbol que sembramos en este lugar”, explicó.

Su deseo, dijo, es “mantener vivo” ese símbolo y que con él siga creciendo la esperanza de alcanzar algún día verdad, justicia, garantías de no repetición y reparación integral del daño.

16 años, que Melchor describió como “de incertidumbre, de puertas institucionales, de diligencias, de promesas, de engaños, de simulación, de omisiones”, pero también de esperanzas que la propia familia ha tenido que renovar una y otra vez cuando las respuestas no llegan.

Un año antes, en una entrevista con este reportero, Melchor seguía hablando de esa misma búsqueda. Relató la persistencia de la familia, la revictimización, las diligencias y el desgaste de enfrentar un sistema que, sostenía, no atendía de manera eficiente a las víctimas. La conversación llegó incluso a una de las posibilidades más dolorosas que ha tenido que asumir como padre: que quizá no encuentre a Lisset con vida.

Ahora frente al lugar donde desapareció, eligió nuevamente hablar de una búsqueda en vida.

Melchor también hizo un llamado directo a las autoridades de Baja California Sur y del Gobierno Federal.

Sostuvo que existen líneas de investigación que considera sólidas y que, pese a ello, han dejado de investigarse.

Cuando se le preguntó qué avances le han informado desde la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), respondió que el problema es que dejaron de hacerlos.

“El problema es realmente lo que no quieren hacer y lo que no quieren decir. […] No es lo que digan, no es lo que hacen, es lo que no quieren hacer y lo que no me quieren decir”.

Existe una línea de investigación que, según Melchor, contiene información de años atrás y a cuyos documentos aseguró haber tenido acceso apenas hace alrededor de un mes o mes y medio.

Sobre esas indagatorias evitó revelar detalles específicos, pero afirmó que durante años pedir, solicitar y exigir información no ha producido las respuestas que esperaba.

A partir de esas omisiones, Melchor dijo que él considera el caso de su hija una desaparición forzada. Lo planteó como su valoración y explicó que, desde su perspectiva, la responsabilidad no estaría únicamente en quién se llevó a Lisset, sino también en la permisividad que atribuye a autoridades que dejaron líneas sin investigar o investigaciones sin avanzar.

Hubo un momento en que la conversación se tornó sobre él. Sobre lo que ocurre con una persona cuando pasa 16 años buscando a una hija.

Melchor dijo que nunca ha recibido amenazas ni presiones directas, pero aseguró que la autoridad le ha dosificado información durante años y encontró una expresión para describir lo que eso significa para una familia: “Eso es administrar el dolor”.

Explicó que no ha escogido como estrategia salir constantemente a las calles, gritar o exponerse físicamente.

Dijo respetar profundamente a quienes buscan de esa manera, pero su camino ha sido otro. Lo que quiso dejar claro es que una búsqueda silenciosa no significa una búsqueda interrumpida.

“Son 16 años que no he dejado de buscar ni un solo día”, afirmó, “dentro de lo que el cuerpo y la salud da también, porque esto es un tema emocional que también hay que cuidar”.

Melchor pidió a la sociedad no esperar a que un caso así llegue a su propia familia para interesarse.

Dijo que cuando una persona desaparece ocurre una transformación cruel en la manera en que muchas veces es tratada institucionalmente: deja de ser vista por su historia y termina convertida en un registro.

“Una vez que te sucede, pasas a ser una cifra, a ser una estadística y casi casi dejas de ser una persona con derechos, con sueños, con proyectos de vida”, expresó.

El defensor de derechos humanos Edgar Chávez, quien ha acompañado a Melchor durante este proceso, explicó que el sitio busca justamente impedir que Lisset se vuelva solo un nombre dentro de un expediente.

Señaló que conservar la referencia física de la desaparición permite mantener su identidad y transmitir a las siguientes generaciones lo sucedido.

“Esto es un sitio vivo, no una ceremonia que termine cuando nos retiremos hoy”, expresó.

Se leyó un mensaje enviado desde Argentina por María Adela Antokoltz, vicepresidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, dirigido a Melchor, su familia y quienes los han acompañado.

El mensaje llamó a mantener las búsquedas, reclamar la participación de las familias y sostener colectivamente la memoria de las personas desaparecidas.

Al final queda el árbol. Aunque no responde dónde está Lisset. No explica quién la siguió aquella tarde. No resuelve las líneas que su padre dice que permanecen pendientes ni devuelve los 16 años transcurridos desde aquella llamada. Pero Melchor quiso plantarlo justamente ahí.

Mientras crezca, aseguró, su intención es que también permanezca una pregunta que las autoridades todavía no han respondido.

Porque, pese a todo lo que ha ocurrido desde el 14 de octubre de 2010, su padre sigue nombrándola no solamente desde la ausencia. Todavía la sigue buscando.

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