¿Pagar impuestos o ir al matadero en La Paz?
¿Pagar impuestos o ir al matadero en La Paz?

«¿Quién clausura al Ayuntamiento?», escribe Roberto Galindo, tras ir a pagar sus impuestos y narrar las condiciones de sanidad en medio de la pandemia de COVID-19

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur

Por: Roberto Galindo

Hoy me sentí un ciudadano responsable y acudí a las instalaciones del Ayuntamiento de La Paz para cumplir con mis obligaciones de contribuyente.

Ya se me había olvidado que hace meses, cuando iniciaba la pandemia, fui a hacer un trámite y la organización del lugar, en cuanto a medidas sanitarias era un desastre. Hoy no sólo lo recordé, lo viví de nuevo; por supuesto no sólo yo, también un buen número de mis conciudadanos sudcalifornianos.

Antes de pasar a cualquier oficina del Ayuntamiento se tienen establecidas diversas áreas de filtros para “organizar” mediante vallas la entrada de los contribuyentes.

Hasta ahí, todo se encuentra relativamente bien, pues la señalética para ubicar a las personas en fila y en posiciones de Sana Distancia entre ellas o está en tal grado de deterioro que apenas se distingue o no la hay.

Acudí al área de cobranza para pagar mi impuesto predial. Al llegar al primer acceso, sólo estaba un oficial, quien debía controlar tanto el acceso externo al área de obtención de desplegados, como el acceso al área de cajas; constantemente se veía rebasado por el número de contribuyentes que hacían fila y otras personas, que se le acercaban para preguntar por los procedimientos de pago, lo que generaba pequeñas aglomeraciones.

Todos los ahí presentes usaban cubrebocas, punto a favor de la ciudadanía. Pero, por otro lado, las normas de “sanitización” eran lamentables: tres tapetes “sanitizantes” enlodados y secos, así como un cartón en el suelo, igual de enlodado que el área circundante a éstos. Nadie revisaba la temperatura de la gente, ni aplicaba gel antibacterial en las manos.

En el área de desplegados, sólo dos personas atendían y había varias sillas vacías de otros servidores públicos, lo que prolongaba la espera del contribuyente. Hasta ese punto, seguiamos al aire libre; y con hacerme a un lado, con alejarme de la gente, me parecía que capoteaba al coronavirus.

El acceso al área de cobranza se mantenía cerrado; era el oficial quien indicaba cada nuevo ingreso, pero se distraía atendiendo preguntas de los contribuyentes y uno libremente podía entrar. Un pequeño descontrol, que no debería implicar mayor circunstancia negativa, sólo que en esta etapa de crisis sanitaria es fundamental el mantenernos alejados unos de los otros, pues corremos el riesgo de infectarnos de coronavirus y morir pagando impuestos.

Una vez que ingresé se me erizó la piel, la fila continuaba adentro, sólo que no en una, sino en 5 filas.

Cinco filas de entre 4 y 5 personas, más los rezagados, o los que toman asiento en la parte trasera para esperar alguna aclaración, y a ellos debemos sumar al vigilante que reparte los turnos, ésto en la parte de enfrente de las ventanillas.

Del otro lado estaban los cajeros y otros burócratas, todos ellos usaban cubrebocas y limpiaban sus manos con gel, todo en un área que debe tener alrededor de 70 metros cuadrados.

Entonces, había congregadas entre 25 y 30 personas, en un espacio en el que de acuerdo al semáforo estatal para la contingencia sanitaria, que se encuentra en el nivel amarillo 3, debería haber un máximo de 23 personas, puesto que ese nivel permite 1 persona por cada 3 metros cuadrados.

Sin embargo, el verdadero semáforo para BCS, de acuerdo a la federación, es de color naranja; pero ya sabemos que la autoridad panista ha relajado mucho la normatividad sanitaria contra la COVID-19.

En el semáforo nacional el color naranja implica un aforo, en cualquier espacio, del 30% y no del 50%; lo que, aun hoy con el acelerado incremento de contagios, mantiene nuestra autoridad estatal.

Lo que me genera confusión; pues no entiendo si nuestro presidente municipal, Rubén Muñoz, como última autoridad sanitaria del municipio es un «soldado de AMLO», o del gobernador Carlos Mendoza Davis.

En fin, eso de las militancias es otra historia. Si el Ayuntamiento acatara la normatividad del semáforo federal en el espacio de cobranza, solamente debería haber una persona por cada 4 metros cuadrados, es decir: 17 personas en lugar de las 25 o 30 con las que compartí mi respiración por casi 15 minutos.

Estando ahí me pregunté: ¿qué haces aquí pagando responsablemente tus impuestos, si el Ayuntamiento no está siendo responsable contigo al no mantener las normas de higiene y sanitización requeridas para garantizar tu seguridad?

Luego pensé: eres un tacaño, te quisiste ahorrar el descuento que hacen si pagas impuestos por adelantado y por eso estás aquí ahora. Quise correr, pero ya estaba ahí y llevaba varios minutos esperando.

Entonces miré hacia el acceso que permanecía cerrado, ¡qué estupidez!, cerrado, cuando se recomienda ventilar los espacios para que no se acumulen las partículas volátiles que expide la gente mediante la respiración y que pueden transportar de una persona a otra el virus aun usando cubrebocas. La puerta sólo se abría para el ingreso o egreso de un contribuyente.

El miedo se apoderó de mi. Miré a mi alrededor, la mayoría de la gente eran de la tercera edad, el grupo más vulnerable contra el coronavirus, personas que muy posiblemente estarían enfermas y que por ir a pagar sus impuestos tal vez asistían, sin saberlo, al matadero.

Me acordé de mi abuelo, ya muerto; pero sobre todo, de mi padre que quería venir a pagar los impuestos. Aun con el miedo a flor de piel me sentí feliz por mantenerlo resguardado en casa.

En ese momento vocearon mi turno. Mientras pagaba me cuestioné: ¿quién clausura al Ayuntamiento?

1 COMENTARIO

  1. Leí con agrado su comentario y si el mayor infractor y quien menos pone el ejemplo de sana distancia es el Municipio, ya que tanto jefes como empleados no quieren salir de su zona de confort. Ellos debieron ser los primeros en modernizarse y adaptarse a la nueva situación de salud y de salir al patio a atender al contribuyente y además utilizar la caja móvil para atender los diversos pagos y de predial al aire libre y menor riesgo para los usuarios.

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