Lengua incluyente: Una decisión colectiva

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Foto:Diario Humano

El movimiento social más poderoso de nuestros días es el feminismo. Y uno de sus objetivos es eliminar el sesgo sexista de la lengua castellana.

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur

Colaboración especial de: Témoris Grecko

Escribí «tíes» y no «tíos» en un post hace un rato. Y varios facebookeros -os- saltaron, molestos. Uno dice que lo puse «por moda». Otro, que por ganar «likes».

Ni moda ni «likes»: les hace falta entender que es parte de una decisión colectiva y política de influir en el idioma. Las lenguas no fueron creadas ni congeladas por algún dios, son herramientas de la gente que las habla y que las modifica con los tiempos.

No será la primera vez que ocurra. 😃 ✌️

Los idiomas no son estáticos, evolucionan por distintas rutas. Una de ellas es la promoción que desarrollan distintos agentes: el Estado, instituciones académicas, medios de comunicación, actores culturales y también, con muchas fuerza, movimientos sociales.

Un ejemplo poderoso es el del idioma hebreo. Más allá de la ocupación militar de los territorios palestinos por el ejército israelí, este es un caso de éxito por el que los más realistas no apostaban cuando Theodor Herzl lo imaginó en el siglo XIX. Los inmigrantes que fundaron Israel a bombazos y kibbutzim no hablaban hebreo, sino yiddish, un dialecto del alemán, además de polaco, ruso y otros idiomas. Pero el sueño indicaba que debían recuperar la lengua que consideraban propia de su pueblo, el hebreo. Es como si hoy crearan un país en el que se hablara latín: era una lengua de nichos religiosos. La rescataron, la modernizaron y hoy, la mayor parte de la ciudadanía israelí la habla como lengua madre.

Foto:Sharif Mosa

El castellano o español es un idioma con un fuerte sesgo sexista que excluye a las mujeres. Es un cuento eso de que ellas deban sentirse incluidas si decimos «todos», aunque hablemos de un grupo de 20 en el que sólo hay un hombre. El lenguaje es una poderosa arma de la ideología y de la política, y directamente sirve para colocar a las mujeres -e instalarlas en nuestras mentes- en un lugar secundario.

El movimiento social más poderoso de nuestros días es el feminismo. Y uno de sus objetivos es eliminar el sesgo sexista de la lengua castellana. Como debe serlo de todas las personas que creen en la equidad, la igualdad de oportunidades, la libertad, la justicia, la seguridad, el derecho a un vida mejor y la importancia de construir sociedades sanas.

En 1997, participé en la campaña electoral de Liliana Flores Benavides, en Nuevo León. Le hicieron una canción que decía «es la mejor candidato para ser gobernador». Sus propios seguidores no podían decir «candidata» ni «gobernadora», les sonaba muy raro. Ni decir que ella era una «política».

Alguien desechó este esfuerzo de cambio en la lengua porque, asumió sin bases, «a la gente no le va a gustar». A mucha gente no le gusta lo «raro». Pero que algo te suene «raro» no significa que sea malo. Sólo que a tu cerebro le está costando valorar las cualidades de algo con lo que has tenido poco o ningún contacto, aunque pueda ser mejor. Para no aferrarse a lo de siempre, hace falta tener apertura para crear algo nuevo.

E insisto: es una decisión política. Si la gente no hubiera luchado por cambiar lo de siempre, seguiríamos en el oscurantismo.

Hoy ya es normal usar esas palabras en femenino porque no es cuestión de gustos, sino de costumbre, de que la gente lo escuche hasta que deje de parecerle extraño, y lo va escuchando más y más porque hubo quien decidió escribirlo y decirlo más y más. Hay personas a las que les cuesta más trabajo adaptarse, tienen menos flexibilidad y les resulta difícil. Pero el tiempo hace su trabajo.

La costumbre cambió. Ya pocos saltan cuando escuchan «presidenta» (algunos todavía esgrimen reglas, pero no es cuestión lingüística sino política, y jamás les pareció raro decir «sirvienta»). Y avanzamos con «ingeniera», «médica», «música»: estas palabras van algo retrasadas pero en proceso de normalización.

Otro proceso es el de transformar la construcción del plural. Ante alternativas como «amig@s» y «amigxs», que me parecen visualmente feas y sobre todo, no resuelven el aspecto fundamental de la pronunciación, a mí me parece que la mejor opción es introducir el género neutral empleando «es». Lo mismo para referirnos en singular a algo cuyo género desconocemos: «necesitamos une ingeniere».

Es algo sobre lo que ya escribí hace años en Cuadernos Doble Raya. Y es cierto que no lo uso todo el tiempo: repito que estamos en un proceso en el que hay obstáculos morfológicos y comunicativos que vamos superando poco a poco.

Puede ser que en 20 años o algo más, ya ni nos acordemos que en 2020 escribir «tíes» era un gesto revolucionario que indignaba a los tradicionalistas y a los tiesos. Quizá entonces ya sea normal.

O quizá sigamos todavía trabajando para lograr que lo sea. Hay luchas muy largas. Pero nuestro idioma lo merece. Todes lo merecemos ✊.

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