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Niñez autista, calle y ley: la historia del Pikachu que salió de La Paz al mundo

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Protagoniza el corto La Calle Habla, seleccionado en festivales en India, Francia, España, Colombia y Estados Unidos

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur.— Derek aprendió a ser Pikachu. Aunque comenzó como una forma de no aburrirse y socializar, con el tiempo también se convirtió en una actividad donde recibía propinas.

La historia que hoy circula en La Paz no nació en la calle: nació en un corto. La Calle Habla, dirigido por la cineasta franco-ecuatoriana Anne-Valérie Jara, condensa en seis minutos lo que ocurre en el malecón: trabajo, infancia, discapacidad e interacción social. Derek —Pikachu— es el centro de ese relato.

En el malecón de La Paz, entre turistas, música y atardeceres, el personaje amarillo corría, bailaba, abrazaba y posaba para fotos. A cambio, recibía monedas. Pero detrás de la botarga hay algo más complejo: un niño dentro del espectro autista que encontró en ese disfraz una forma de habitar este mundo.

“Es otra persona cuando se pone el traje”

En La Calle Habla, la escena es sencilla y directa: Derek camina con timidez, pero cuando alguien grita “¡Pikachu!”, su cuerpo responde. La cámara registra el cambio.

“Cuando se pone el disfraz es otra persona… su personalidad se revela, ya no tiene miedo, habla, baila”, explica la cineasta Anne-Valérie Jara.

El cortometraje documenta ese proceso. Ahí también se escucha la voz del propio Derek: “La botarga es como un procedimiento lento, pero seguro para socializar un poco más”.

Antes de Pikachu, sus interacciones eran limitadas. Después, algo cambió. “El disfraz permitió avances que ni los psicólogos habían logrado”, relata la directora.

Una madre, un miedo compartido

La historia no se sostiene sin su mamá, su principal apoyo. Pero como muchas otras, su vida gira en torno a una pregunta silenciosa: ¿qué pasará con él cuando ya no esté?

“Sabemos que en algún momento él va a poder solo… ese es el miedo de muchas mamás”, se escucha en la cinta.

El dinero fue una consecuencia. Ahí encontró una forma de socializar.

“Si no trabaja un día, no gana dinero”, explica su madre.

Pero también es independencia. La primera vez que ganó dinero tenía 12 años. Con 500 pesos compró comida para él y su madre.

La mirada que encontró la historia

Anne-Valérie Jara no llegó a La Paz con la intención de filmar. Llegó a observar.

“Llegué a México hace dos años… y cuando caminé por el malecón me sorprendí. No me esperaba eso: música, gente, niños comiendo helado… mucha vida”, recuerda.

Esa primera impresión cambió rápido. Una noche vio a una mujer vendiendo joyas junto a su hijo en silla de ruedas y decidió acercarse.

“Como cineasta soy curiosa, hablo con la gente… me contó que era mamá sola, que el padre se había ido, que estaba luchando”, relata.

Volvió al día siguiente y encontró otra escena similar: otra madre, otro niño, otra historia marcada por la ausencia y el trabajo en la calle.

“Descubro otra mamá que luchaba sola… y luego otra. Ahí entendí que había algo”, explica.

Lo que parecía coincidencia empezó a tomar forma de patrón: mujeres trabajando de noche, hijos creciendo en ese entorno y la economía informal como única vía de subsistencia.

“Me tocó mucho ver a estas mamás luchando por sus hijos”, dice.

Entonces cambió sus planes, extendió su estancia y decidió quedarse. “Había venido con la idea de no filmar… pero cambié mi billete de avión. Me quedé”.

La historia comenzó sin cámara, con tiempo. Pasó horas en el malecón, conversando, escuchando, intentando ganar confianza en un espacio donde la desconfianza es la norma. “La gente no confiaba… les enseñaba mi trabajo, hablaba con ellos. Poco a poco se creó la confianza”, explica.

Y cuando parecía tener claro el enfoque, apareció una imagen que terminó por definir el rumbo del proyecto: a lo lejos, un Pikachu caminando entre la gente.

Un corto que salió del malecón y llegó al mundo

Mientras el corto circula en festivales, la realidad que retrata enfrenta límites en su lugar de origen.

La Calle Habla ha sido seleccionado en festivales en India, Francia, España, Colombia y Estados Unidos. En seis minutos, la película logró conectar con audiencias fuera de México, llevando una historia local a circuitos internacionales.

“No lo esperaba… pero demuestra que estas historias íntimas pueden tocar más allá de sus fronteras”, explicó Jara.

El proyecto apunta ahora a convertirse en largometraje.

El otro lado: la ley

Mientras la historia crece, el espacio donde ocurre se reduce. El malecón de La Paz no permite el ambulantaje. No es una decisión reciente: es una norma vigente desde 1995.

“En el malecón no se puede el ambulantaje… la ley lo prohíbe en el primer cuadro de la ciudad”, han señalado autoridades municipales.

La postura oficial es que sí hay permisos en la ciudad, pero no en esa zona.

“Hay permisos en toda la ciudad, pero en el malecón no… así lo marca el reglamento”, reiteraron el secretario general del Ayuntamiento, Jehú Vázquez Savín, y la presidenta municipal, Milena Quiroga Romero.

La historia de Derek cobra otra dimensión en este contexto. En medio del debate por el retiro de ambulantes —incluido un caso reciente que se volvió viral—, la madre del menor, Surizaray Espinoza, fijó postura en redes sociales: “Su crimen real es hacer feliz a la gente”.

Porque, aunque la ley lo prohíbe, la necesidad lo sostiene. En manifestaciones recientes, comerciantes lo resumieron así: “El hambre es más cabrona”.

Para algunos, el ambulantaje es desorden. Para otros, es vida.

“Los ambulantes traen interacción social, traen felicidad… eso es lo que gusta a los extranjeros”, reflexiona la directora Anne-Valérie Jara.

La botarga de Pikachu es una herramienta, un puente, una coraza y un lenguaje. Para Derek, representa un lugar que el sistema no le dio.

Mientras tanto sigue estudiando y, aunque en el malecón la escena ya no es posible, todavía puede verse en bazares de cultura friki y algunos tianguis.

Niños que ríen.
Padres que ofrecen una propina.
Y Pikachu baila.

Porque la ley es clara.
Pero la realidad también.

Y en medio, hay un niño que todavía está aprendiendo a vivir.

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