
Ciencia, imaginación y literatura infantil desde el mar sudcaliforniano. Una charla con la escritora y bióloga marina Liliana Carvalho donde la ciencia se convierte en aventura e imaginación para las infancias. Este viernes presentará “Yo no fui” en la Biblioteca Leopoldo Ramos.
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur.-Antes de convertirse en libro, las historias de Liliana Carvalho existieron como existen muchas de las cosas importantes: en voz baja, antes de dormir.
Primero fueron cuentos improvisados para sus hijos. Después aparecieron dragones civilizados y pequeños animales marinos capaces de explicar el mundo mejor que algunos adultos. Mucho después llegaron las publicaciones, las ilustraciones y las presentaciones públicas. Pero el origen sigue siendo el mismo: una bióloga marina tratando de traducir el asombro científico al idioma de las infancias.
La escritora y bióloga sudcaliforniana presentará este viernes 15 de mayo, a las 18:00 horas, en la Biblioteca Leopoldo Ramos, el libro álbum Yo no fui, realizado junto a las investigadoras Magaly Gómez y Lucía Ocampo. Un proyecto independiente que mezcla literatura infantil, ilustración y divulgación científica en una apuesta poco común dentro del panorama cultural local.
Carvalho habla de la literatura infantil como quien habla del mar: algo vivo, en movimiento, imposible de separar de la curiosidad. Su trayectoria profesional ha estado ligada a la investigación marina, particularmente al estudio reproductivo y patológico de organismos acuáticos, así como a la docencia en posgrado dentro del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR). Sin embargo, la escritura llegó desde otro lugar: la maternidad, las noches de cuentos y las preguntas interminables de los niños.
“Mis cuentos estaban ya escritos en papelitos, en cuadernos viejos o simplemente en mi cabeza”, recuerda. Durante años los contó en preescolares, donde prefería llevar historias propias antes que libros ajenos. Los niños pedían que repitiera los cuentos y protestaban cuando cambiaban detalles, porque todavía no existían versiones definitivas.
En Baja California Sur, donde el paisaje cotidiano está atravesado por el mar, la ciencia suele existir alrededor de las infancias sin necesariamente dialogar con ellas. Carvalho parece haber encontrado un punto de unión necesario: convertir el conocimiento científico en territorio emocional. No enseñar únicamente qué es una medusa o cómo funciona un ecosistema, sino sembrar primero la curiosidad.

De ahí nació Thubán, una saga de dragones creada inicialmente para su hijo menor. Carvalho recuerda que hace más de una década encontró muy pocas opciones de literatura infantil pensadas para niños varones, especialmente fuera de los modelos tradicionales de princesas y romances. Entonces decidió escribir las propias. Pero incluso dentro de un universo fantástico, la biología terminó filtrándose inevitablemente.
Sus dragones no destruyen pueblos ni acumulan tesoros: son criaturas conscientes del impacto de sus actos sobre el entorno. Piensan en el equilibrio, en las consecuencias de consumir más de lo necesario y en la convivencia con otros seres vivos. “Creo que eso salió porque soy bióloga”, admite entre risas.
La preocupación ambiental atraviesa buena parte de su obra, aunque nunca desde el discurso rígido o aleccionador. Más bien aparece disfrazada de aventura, humor o ternura. En sus cuentos hay empatía, cooperación y comunidades que todavía se ayudan unas a otras. Quizá porque Carvalho también escribe desde cierta nostalgia: la de una ciudad donde la gente se detenía a levantar a quien se caía, en vez de grabarlo con el teléfono.
En ¿De quién es el ombligo?, uno de sus primeros cuentos, los personajes fueron imaginados por su propia hija cuando todavía era niña. Un pulpo con sombrero, una almeja con paliacate y un cangrejo costeño surgieron primero como dibujos infantiles antes de convertirse en ilustraciones definitivas. El resultado conserva algo poco frecuente: la manera exacta en que una niña imaginó el océano mientras escuchaba un cuento antes de dormir.
Hay también otra particularidad en la obra de Carvalho: el lenguaje. En sus libros introduce deliberadamente palabras científicas o poco comunes para lectores pequeños. Nombres biológicos, términos marinos o vocabulario complejo aparecen entre diálogos sencillos y escenas humorísticas.

“No creo que tengamos que tratar a los niños como si fueran más tontos”, dice. “Tienen más capacidad que nosotros para aprender palabras nuevas”.
En tiempos donde la divulgación científica suele sentirse técnica o distante, Carvalho insiste en algo sencillo: los niños no necesitan que les simplifiquen el mundo, sino que alguien se los vuelva fascinante. Confiar en que las infancias son capaces de acercarse a lo complejo cuando este llega desde el juego, el relato y la imaginación.
Ese mismo principio atraviesa Yo no fui, el nuevo libro álbum protagonizado por Aurelia, una pequeña medusa cuyo nombre proviene directamente de su clasificación científica. La historia busca desmontar algunos mitos alrededor de estos organismos marinos y, al mismo tiempo, reflexionar sobre el miedo, la percepción y los juicios apresurados. Todo desde una narrativa visual dirigida a lectores muy pequeños.
El proyecto también dialoga con los esfuerzos del Programa de Acercamiento de la Ciencia a la Educación (PACE), impulsado desde el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), donde distintos investigadores acercan la ciencia a niñas y niños mediante talleres, organismos vivos y actividades lúdicas. Aunque Yo no fui no forma parte directamente del programa, las autoras han participado desde distintos espacios en iniciativas de divulgación y acercamiento de la ciencia a la sociedad.
Más que explicar conceptos científicos de manera escolarizada, proyectos como este buscan recuperar algo que suele perderse en la adultez: la capacidad de maravillarse. Entender que una medusa puede ser tan fascinante como un dragón, y que ambos pueden convivir dentro del mismo cuento.
Además del relato principal, Yo no fui incluye una sección titulada “¿Sabías qué?”, donde cada personaje ofrece pequeños datos biológicos explicados para infancias. Carvalho cuenta, entusiasmada, que incluso incorporaron curiosidades reales, como el viaje espacial de ciertas medusas utilizadas en investigaciones científicas.
La autora habla de sus historias como si fueran pequeños planetas. Un universo de dragones, otro de animales marinos, otro más de princesas y colores. Incluso menciona a Techita, un personaje animado con el que comparte información educativa para niñas y niños desde plataformas digitales.

Pero entre todos esos mundos fantásticos existe también una pequeña isla más oscura: la literatura para adultos. Carvalho adelanta que próximamente aparecerá un libro de cuentos inspirado en personas que ha visto en la calle, particularmente habitantes en situación vulnerable o con enfermedades mentales. Historias atravesadas por preguntas incómodas sobre el abandono, la soledad y las fracturas sociales.
Aun así, vuelve siempre a las infancias. Porque ahí parece estar el centro de todo. La presentación de Yo no fui se realizará este viernes 15 de mayo a las 18:00 horas en la Biblioteca Leopoldo Ramos, en La Paz. Participarán las autoras Liliana Carvalho, Magaly Gómez y Lucía Ocampo, acompañadas por el editor del proyecto. Un encuentro donde la literatura, la ciencia y la imaginación infantil compartirán, por un momento, el mismo territorio.

“¿Qué espero que se lleven los niños con mis cuentos?”, repite antes de quedarse pensando unos segundos. “Alegría. Aunque sea que digan: me gustó la almeja o me gustó el cangrejo. Pero ojalá también se les quede algo bueno, algo de lo que quise sembrar”.





