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Una noche de saxofón en La Paz

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Una charla con Diego Sax sobre veinte años de trayectoria, comunidad y la construcción cotidiana de una escena musical sudcaliforniana.

Diario Humano | La Paz, BCS . –La Paz me parece una ciudad que suele pensarse a sí misma desde el paisaje. Hablamos del mar, de los atardeceres, de las playas, de las ballenas cuando es temporada. Sin embargo, basta una noche por sus calles para descubrir que existe una vida cultural constante y persistente construida casi a contracorriente, ocupando pequeños escenarios, festivales, cafés, plazas o restaurantes.

Uno de esos espacios ocurre los jueves por la noche en la Casa de té y café Revu 1910, ubicada en el centro histórico paceño. Un lugar que apuesta por una experiencia pausada, donde el té, el café y la conversación encuentran acompañamiento en la música en vivo. Ahí, entre teteras de porcelana delicada y mesas ocupadas por parejas, familias y grupos de amigos, el saxofón comienza a llenar el espacio.

Quienes estábamos ahí lo esperábamos, claro. Para eso estábamos ahí. Pero cuando comenzaron las primeras notas sentí que el espacio cambiaba de tamaño, dejando de abarcar solo el café sino la calle entera. Las conversaciones siguieron, las tazas tintineaban en las mesas, nadie dejó de hacer lo que estaba haciendo, y sin embargo el ambiente ya era otro. La música en vivo tiene esa capacidad extraña de volver especial una noche.

Mientras escuchaba pensaba que pocas veces nos preguntamos quiénes son las personas que llevan años produciendo la banda sonora de nuestras ciudades, quiénes son los músicos que forman parte de nuestra memoria colectiva aunque muchas veces no conozcamos sus historias.

“Yo me llamo Diego Armando Domínguez Palos, soy de Ciudad Constitución, pero ya tengo mucho tiempo viviendo aquí en La Paz. Toda la gente aquí me conoce como Diego Sax”, me dijo sonriendo. Lo decía como quien habla de un apodo cualquiera, aunque en realidad ese nombre artístico se ha vuelto familiar para buena parte de quienes frecuentan los espacios musicales de la ciudad.

“Tenemos ya tres años tocando aquí. Desde que abrió este lugar estamos presentes”, cuenta Diego. No es poca cosa. Mantener un proyecto musical semanal durante tres años en una ciudad donde los proyectos culturales suelen pelearse con los horarios, el calor, el dinero y la rutina, tres años son una hazaña.

La historia de Diego comenzó en Ciudad Constitución, hace ya dos décadas, aunque buena parte de su trayectoria se ha desarrollado en La Paz. Durante la charla me contó que sus primeros pasos ocurrieron aquí, en la Escuela de Música, antes de emprender un camino que combinó aprendizaje autodidacta y formación académica. Como muchos jóvenes músicos sudcalifornianos, llegó un momento en que tuvo que salir del estado para continuar sus estudios y encontró ese espacio en Xalapa, Veracruz, dentro de JazzUV, el reconocido programa de jazz de la Universidad Veracruzana. “Ahorita tengo treinta y cinco años, entonces ya llovió un poquito”, me dijo entre risas al recordar aquella época. Escucharlo hablar de aquella etapa era escuchar una historia que se repite con frecuencia entre los creadores sudcalifornianos: la necesidad de partir para aprender y, después, la decisión de regresar.

Durante la conversación mencionó con naturalidad proyectos que para cualquier músico representan años de trabajo: su dueto con el pianista paceño Odín Ramírez, la agrupación Salsa Brava dedicada a los ritmos latinos, su colaboración con la banda de reggae No Pollution y las múltiples participaciones en festivales de jazz y blues en distintos puntos del estado.

Los movimientos culturales rara vez aparecen de golpe, más bien comienzan con unos cuantos entusiastas algo tercos organizando eventos, convenciendo amigos, buscando espacios y creando públicos poco a poco. La trayectoria del saxofonista es parte de una escena musical sudcaliforniana que existe y se ha ido construyendo a fuerza de constancia. Diego recordaba con entusiasmo una reciente presentación en Pachamama Fest, en Ciudad Constitución, un esfuerzo que busca abrir espacios para otros géneros musicales en una región tradicionalmente dominada por la banda y la música norteña.

“Allá apenas están empezando a hacer ese movimiento de música”, me explicó. Y aquella frase se quedó resonando en mi cabeza porque a menudo hablamos de la cultura como si se tratara únicamente de grandes festivales, exposiciones o programas institucionales. Sin embargo, escuchándolo comprendí que gran parte de la vida cultural de una ciudad ocurre precisamente en estos espacios intermedios, donde artistas, emprendedores y públicos construyen comunidad casi sin darse cuenta.

Los músicos viven siempre entre una presentación y la siguiente, entre el escenario que acaba de terminar y el que está por montarse. Diego nos contó también de sus proyectos personales, de las canciones que ha comenzado a publicar bajo el nombre de Diego Sax, de su interés por mezclar soul, R&B, pop e incluso reguetón, y de las colaboraciones que realiza con el productor Miguel Quintero.

Antes de despedirnos, Diego aprovechó para extender una invitación al público. Este sábado 6 de junio se presentará junto a No Pollution Reggae y la banda Undercover en Patio Península, a partir de las 9:00 de la noche. La entrada será gratuita, una oportunidad para escuchar parte del trabajo de músicos locales que continúan construyendo la escena musical sudcaliforniana desde distintos géneros y espacios.

El saxofón seguía escuchándose desde la calle cuando me alejé del café; aquella música no estaba llenando únicamente un espacio, sino sumando una nota más a la memoria sonora de la ciudad. Porque mientras hablamos del mar, de los atardeceres y de las postales que identifican a La Paz, en los rincones de este puerto hay músicos, gestores, artistas y espacios que siguen apostando por la vida cultural cotidiana. Y ahí, alrededor de una taza de té, Diego Sax lleva tres años regresando para tocar una canción más.

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