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16 de agosto de 1986: 40 años como trabajador académico asalariado en la UABCS acompañado de un pensamiento crítico

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Por: Gilberto Piñeda Bañuelos

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – La fuerza de trabajo académico en las Universidades somos parte del mercado capitalista, en este caso del mercado laboral y por lo tanto nos vemos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario que no es otra cosa más que la expresión monetaria del valor, es decir, su precio en el mercado; y en el largo camino de la vida académica activa  hay una lucha sistémica como parte de la clase trabajadora intentando mejorar el nivel de vida buscando mejores salarios, lo cual no es el caso de todas y  todas,   al inicio la lucha es de manera individual que a veces dura toda la vida, como le gustaría  a la parte patronal, sin embargo en la historia del mercado capitalista, una parte privilegiada de la clase trabajadora lo hace a través de los sindicatos, es decir en forma colectiva, transformando los contratos de trabajo individuales en contratos colectivos,  que a veces llega a tensar  las relaciones sociales entre el patrón y el trabajador que pudiera llegar al límite de una huelga, de un paro,  aunque en otros casos, los sindicatos se convierten en caja de resonancia del patrón; el caso es que al final, el mercado capitalista subsiste, nada cambia, aunque solo mejoren relativamente los ingresos, que no sucede con la mayoría del trabajadores asalariados.

Es el caso de la Universidad Autónoma de Baja California Sur en estos 50 años de existencia,  de esa lucha laboral y sindical hemos alcanzado niveles de vida decorosos que nos convierte en trabajadores privilegiados si se compara con otros trabajadores y trabajadoras de bajos ingresos; sin embargo,  podemos decir que no todas y todos los trabajadores académicos asalariados somos privilegiados, solo los que tenemos tiempo completo definitivos, porque en el caso de las y los trabajadores académicos de asignatura están sometidos a salarios precarios y fuertes presiones laborales con el temor de no ser contratados en los semestres siguientes.

Cuando se fundó la Universidad el 31 de diciembre de 1975, hace 50 años:

Tenía cuatro años de haber terminado la carrera de Arquitectura, los mismos años que se fue acercando a mí el pensamiento crítico, empezando por el pensamiento del obispo de Cuernavaca Don Sergio Méndez Arceo, que era parte de la corriente de la iglesia católica conocida como “Teología de la Liberación” o de la “Iglesia de los Pobres” o de los “Cristianos por el Socialismo”,  ahora conocido por un documental como el ”Obispo Rojo”, que tuve la oportunidad de conocer cuando estudiaba Arquitectura a quien, como estudiantes,  invitamos a una conferencia que impartió en el Teatro Principal de Guanajuato en 1970; y de haber ingresado en 1971 como trabajador docente de asignatura a la preparatoria Morelos a impartir la materia de Dibujo Constructivo, una preparatoria que el gobierno intentó desaparecer, pero afortunadamente la mitad de padres de familia y estudiantes la salvaron en 1973 adoptando el plan de estudios del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, donde impartí las asignaturas de Taller de Expresión Gráfica y Taller de Diseño Ambiental,  otra extracurricular, Diseño Gráfico; aquí permanecí 43 años

Tenía apenas tres años de haber acompañado a estudiantes de la preparatoria Morelos y de la Normal  en 1972 para apoyar la lucha de una colonia de familias pescadoras, la Colina del Sol a quienes  querían despojar de sus terrenos donde vivían.

Tenía apenas dos años de haber fundado el Grupo de Acción Popular en 1973 junto con Mirna Verdugo, Víctor Manuel Castro, Leonel Cota, Juan Luis Rojas, Amadeo Murillo y Antonio Castro; y de haber conocido a un joven de Oaxaca egresado de Economía de la UNAM, Ernesto Velázquez León, quien se acercó al Grupo de Acción Popular a impulsar círculos de estudio sobre una de las corrientes críticas del pensamiento marxista, el trotskismo.

Tenía apenas un año de haber asistido con el compañero Juan Luis Rojas Aguilar  al congreso nacional del Grupo Comunista Internacionalista de ideología trotskista, y convertido de común acuerdo al Grupo de Acción Popular en simpatizante de la Cuarta Internacional.

Tenía apenas un año y medio que me había casado con mi compañera Mirna y medio año de haber nacido mi hija Vernna Alheida. 

Cuando ingresé como trabajador académico asalariado el 16 de agosto de 1986, hace 40 años:  

Ya existía un sindicato que tenía seis años de haberse constituido, curiosamente no adoptó el nombre de “Trabajadores Académicos” sino de “Personal Académico”, probablemente para no recordar la lucha por el reconocimiento sindical y la firma de un Contrato Colectivo de Trabajo entre 1976 y 1978 de lo que quiso ser el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (STUABCS) que agrupaba a trabajadores académicos y administrativos, que fue desmantelado por el poder universitario y el poder gubernamental; en ese tiempo eran Rector el Arq. Tomas Balarezo Cota y gobernador el Lic. Ángel César Mendoza Arámburo.

 Ya existía un importante Contrato Colectivo de Trabajo que regulaba las relaciones laborales con la patronal universitaria y el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Baja California Sur con una serie de prestaciones que no tenían muchos otros sindicatos de la localidad.

Tenía 10 años de haberse fundado la Universidad Autónoma de Baja California Sur y de haber ingresado junto a muchos compañeros y compañeras como militantes activos del Partido Revolucionario de los Trabajadores, sección mexicana de la Cuarta Internacional, trotskista, que 10 años después se disolvió para formar el Frente Zapatista de Liberación Nacional.

Tenía dos años de haber concluido la carrera de Economía iniciada en 1979, año en que había nacido mi hijo Tito Fernando; aunque en 1976  intenté ingresar en la primera generación pero no aceptaron mi documentación en servicios escolares, indebidamente.  

Tenía menos de un año de haber obtenido el título con una tesis del área de Economía Política titulada “Trabajo Asalariado y Nivel de Vida en la ciudad de La Paz” intentando ingresar a trabajar a la Universidad.

El 16 de agosto de 1986 ingresé como trabajador académico asalariado de asignatura impartiendo las clase de Sociología Pesquera y Economía Pesquera, a propuesta que hizo un compañero que había estudiado conmigo en la preparatoria Morelos, el Ing.José Manuel Green (q.e.p.d.) que era Jefe del Departamento de Pesquerías al Rector el Contador Ulises Ceseña y al Coordinador de Ciencias del Mar el Maestro Jesús Druk; fue que me tomé la libertad de cátedra y le di un enfoque desde la Economía Política para la comprensión de la relaciones sociales de producción y distribución de mercancías del sector pesquero sudcaliforniano; casi inmediatamente después se abrió una convocatoria, participe en el examen de oposición e ingresé como Ayudante Académico “C” de tiempo completo en el área de Economía Política de la carrera de Economía, contratado semestralmente por espacio de dos años, para ayudar a un profesor de tiempo completo de formación marxista, de origen chileno, que había sido exiliado político  en Bulgaria donde estudió el Doctorado en Economía Política, el Dr. Hernán Ramírez Aguirre, hijo de un historiador chileno destacado, militante del Partido Comunista Chileno.

Pasados los dos años de Ayudante Académico fui formalmente contratado semestralmente como profesor-investigador de tiempo completo sustituto, hasta que pude presentar mi examen de Oposición y Méritos en 1994 en el área de conocimiento de Economía Política y Estructura Socioeconómica, para impartir las clases de Economía Política I, II y III y Sistemas Económicos Comparados; al poco tiempo en una de las modificaciones al plan de estudios, el área de conocimiento en el que hice el concurso de oposición tomo oficialmente el nombre de Historia y Economía Política, y desde entonces es mi nombramiento.

Debo decir, que gracias a la existencia del Contrato Colectivo de Trabajo, he podido disfrutar de los derechos laborales y sindicales, por un lado, que me otorgó facilidades para asistir a Foros y Congresos Nacionales  e Internacionales, gozar de los años y semestres sabáticos, los préstamos sindicales, estudiar la Maestría en Historia Regional, la especialidad en Economía Política, obtener el grado en el Doctorado en Economía Política, y estudiar el Doctorado  y el Posdoctorado en Historia; por otro lado, contar con los servicios médicos particulares que me ha permitido mantener bajo control el cáncer de próstata y sus efectos secundarios, he podido tener muchas prestaciones sociales y económicas, pero hay una prestación que sintetiza todas las demás, que en mi caso, está por llegar a mediados de 2027: la jubilación.

Por eso dije al principio, los trabajadores académicos asalariados de tiempo completo somos privilegiados, sin considerar a quienes deciden aumentar sus privilegios, que no es mi caso, participar en   los estímulos académicos  y en el Sistema Nacional de Investigadores, lo que les permiten mayores ingresos, con los mismos productos académicos que se realizan en la jornada laboral obligatoria.

En estos 50 años de la UABCS y 40 años de trabajo académico que he distribuido en docencia, investigación, vinculación, difusión cultural y extensión universitaria hubo acontecimientos que cimbraron de sobremanera la vida universitaria en la UABCS:

La crisis temprana del poder universitaria en 1978 que la mantuvo paralizada por varios meses que se originó desde arriba al querer impedir la sindicalización temprana y la contratación colectiva de trabajadores académicos y administrativos; y dividió al Consejo Universitario con dos Rectores en pugna;  la crisis de reelección de Rector de 1996 provocada por la lucha en ocupar el puesto de Rector entre el Secretario General y el Rector que intentaba reelegirse, lo que mantuvo paralizada a la Universidad por especio de un mes; la crisis laboral y legislativa de 2007 por una huelga prolongada de trabajadoras y trabajadores académicos que duro casi un mes y que condujo a un reforma de la Ley Orgánica y la destitución fulminante desde el poder del Estado al Rector y todos los funcionarios unversitarios violentando la autonomía, como en 1978; la crisis de legalidad en 2011 que empezó en 2010 con la renuncia del Rector que condujo a interpretaciones de la Ley Orgánica confrontadas entre el Consejo General Universitario (CGU) y la Junta Consultiva, que mantuvo en la Universidad el reclamo del cargo de Rector por dos universitarios, uno designado por el CGU y otro por la Junta Consultiva, por varios meses; y recientemente, en medio de una aparente estabilidad de la Universidad,  las crisis de género que afloró cuando desde el poder universitario obligaron a una joven estudiante del Departamento de Humanidades que había sido acosada, a disculparse públicamente con su agresor, lo que provoco la toma por estudiantes de las instalaciones del campus La Paz por unos días, obligando al CGU a sesiones públicas con las y los estudiantes paristas, y poco después la crisis laboral después de una huelga estallada por trabajadoras y trabajadores administrativos  por violaciones al contrato colectivo de trabajadoras que duró casi un mes, en defensa de una demanda muy sentida como es la canasta de consumo y el freno a la caída drástica del salario nominal de las plazas de menor ingreso. Esto es una historia que ofrecí  a principio de año al Rector, a la asociación de egresados y al Congreso a propósito de los 50 años de la Ley Orgánica de la UABCS, pero no hubo interés alguno, probablemente porque solo se puede contar la historia oficial, y no hay cabida a otras miradas.

Para concluir, dos cosas:

Primera, tengo un buen recuerdo de dos momentos: haber ocupado por espacio de casi 10 años la defensa y representación de los trabajadores académicos en el Junta Especial Número Dos para Asuntos Universitarios de la Local de Conciliación y Arbitraje, sin olvidar dos huelgas cuando la patronal universitaria solicitó su inexistencia; y haber ocupado el cargo de presidente de la Comisión de Diálogo del Consejo General Universitario, para mediar el conflicto universitario de 1996 entre el Rector y el Secretario General.

Segunda, no puedo dejar de mencionar la enorme satisfacción que me han dejado estos últimos 27 años de los 40  que cumplo como trabajador académico asalariado: actualmente estoy de semestre sabático realizando un proyecto que debe tener continuidad después de mi jubilación en la Universidad Autónoma de Baja California Sur que es el Archivo Histórico de la Imagen del Centro de Documentación de Historia Urbana (AHICedohu) con el invaluable apoyo de la Maestra en Historia Regional, Alma Castro Rivera, ayudante de investigación y con los becarios Isaac Amarillas Peralta, Licenciado en Comunicación e Iván Alegría Jiménez, Arquitecto; este proyecto es una especie de epílogo académico, resultado de un proceso muy largo de un proyecto pedagógico de investigación, vinculación, difusión cultural y extensión universitaria, que inició en 1999 con el nombre de Centro de Documentación de Historia Económica y Política (CEDOHEP) y posteriormente como Centro de Documentación de Historia Urbana (CEDOHU) ubicado desde hace 27 años en el aula 210 del edificio CSH-02 de Ciencias Sociales y Humanidades; al lado de decenas y decenas de estudiantes que se involucraron en él a lo largo de estos 27 años durante uno, dos y hasta seis semestres ejerciendo investigación o difusión cultural y extensión universitaria;  que lo quisieron, que se encariñaron, que dieron su tiempo desinteresadamente, que lograron interesantísimos productos académicos, procedentes de diferentes instituciones de educación medio superior y superior, con temáticas diversas, provenientes de las carreras de  Economía, Ciencias Políticas, Historia, Sistemas Computacionales, Turismo Alternativo, Lenguas Modernas, Diseño Gráfico, Ingeniería Civil, Arquitectura y del Cobach.

UABCS, 16 de agosto de 2026.

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