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Dolor con solidaridad: Justicia a los feminicidios en BCS

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Señala la Red de Colectivas Feministas de BCS, que hay un 99 por ciento de probabilidades de cometer un delito en total impunidad

Diario Humano | La Paz, Baja California Sur

Se escabullía el sol entre las nubes del viernes y centelleaba en el cacerolazo constante e hipnótico de las manifestantes; exigían justicia por los feminicidios, que siguen causando dolor a Baja California Sur (BCS).

Se tendieron en el Centro de Justicia Penal, alrededor de 30 cruces rosas, cada una por un feminicidio distinto, por la Red de Colectivas Feministas, un  conglomerado de 8 asociaciones de La Paz y Los Cabos.

Desde las 8 de la mañana protestaban por el dolor del reciente feminicidio de Ana Luisa, trabajadora administrativa paceña de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) y todos los demás.

El clima respetó la manifestación, ya que durante el viernes, salió el sol y no llovió como durante los últimos 2 días, lo que permitió que pudieran gritar: “Cuando una mujer dice no, es NO”.

Había chicas de cabello largo, suelto, trenzado, con y sin lentes, pero la constante era la sana distancia y los cubrebocas; en medio de una pandemia de COVID-19, no detuvieron su determinación y actuaron con toda su rebeldía ante una autoridad omisa ante su dolor.

Y es que dice Yssel Gadar, representante en esta manifestación, que las autoridades ignoran las violaciones a sus derechos en gran medida por la falta de denuncia, solidaridad y apoyo de una sociedad completa.

Al menos el 99 por ciento de los delitos, quedan en total impunidad, señaló la activista para el Diario Humano, lo cual significa poder agredir mujeres y librar cualquier castigo de la autoridad.

“Mientras no haya acciones contundentes, denuncias, el problema es de la sociedad, no del Gobernador […] muchas veces pedimos ayuda a gritos de dolor y nadie hace nada”, dijo una de las manifestantes además.

De forma determinante una de las chicas de nombre Patricia, con vestido y cabello largo, negro y pañoletas coloridas, levantaba su puño y una cruz, en señal de lucha; se les unían algunos claxons de los carros que pasaban por las avenidas Luis Donaldo Colosio y Agustín Olachea Avilés.

Llamaba la atención un perrito que ahí estaba, como hipnotizado por los tambores, observaba cada movimiento mientras su alma descansaba, observando la manifestación.

Colores varios con infinitos significados para ellas, sin embargo, a veces bajaban la mirada para ver a sus caídas; pero la alzaban al cielo, al recordar que sus protestas son justas.

Martilleaban sus objetos, con compases armónicos. No había manera de que el titular de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), Daniel de la Rosa Anaya, no supiera del asunto.

O al menos, alguno de sus cientos de trabajadores y trabajadoras en el edificio del Nuevo Sistema de Justicia Penal; además de los requeridos para revisar las carpetas de investigación.

Varios y varias de ellos pasaban y no podían evitar voltear a verlas, algunos con prisa, algunos policías estatales, algunos de seguridad privada, unos con más atención que otros, incluso como en cámara lenta.

Ana Luisa recibirá justicia; o al menos, hay seres preocupados y ocupados en que así sea, en la pureza de esta representación, se notaba el dolor y la solidaridad.

A cada minuto y hora que transcurría, llamaron la atención de algunos canales de televisión y periódicos locales; las chicas no tenían hora para irse, nadie las pudo detener.

Por ello es necesario el llamado a una sociedad machista, en donde lo mejor que puede hacer ante estas manifestaciones, es solamente guardar silencio y escuchar para entender mejor la problemática social.

1 Comentario

  1. Yo imagino que el perrito pensaba, como no se unen los animalistas a estás chicas para exigir justicia y respeto por los de nuestra especie y porque no todosaquellos que están en pro de los más vulnerables cómo niños y ancianos, desaparecidos y todos aquellos que de una u otra forma han sido víctimas de algún tipo de violencia, porque esos actos por nada deberían quedar impunes, ya que nadie merece sufrir ningún tipo de agresión y mucho menos perder la vida por ello.

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